Llegó la hora o eso marcaba mi reloj. Genial- Pensé- No he dormido absolutamente nada. Entonces me senté en la cama en busca de inspiración. En busca de algo que me ayudaría a ser mejor, supongo que por eso pensamos las personas. Ideamos planes o intentamos mejorarnos, bueno, al menos eso pensaba hasta hace unas horas. Sentada en mi cama me di cuenta de que habían pasado los años demasiado rápido.
¿Qué había hecho durante estos años? ¿De verdad hacía la correcto? Recuerdo que eran las preguntas planteadas ayer. Me acomodo en mi silla de estudio mientras con sus pequeñas ruedas y mis piernas congeladas del frío. Me empujo con mis pies, poco a poco, no es hora de despertar a nadie. Entonces, en ese preciso instante veo que la pantalla de mi móvil parpadea. Ayer no me apetecía coger el móvil, cualquier amigo preocupado. Lo dejo parpadear mientras en la tiniebla de la habitación me siento quizás diferente a otros días. No es un día como otro cualquiera, algo me dice que hoy todo será diferente. A las 4 tengo partido de Baloncesto, amo el Baloncesto es mi pasión desde que tengo consciencia, eso creo. Estoy nerviosa, hacía tiempo que no lo estaba. Hoy es 22, todos los 22 me dedico a intentar sonreír. El porque, aun no lo sé, algún día encontraré la respuesta. Tampoco es algo que me preocupé en exceso. Me pongo la música en los cascos, alta, demasiado alta para lo que estoy acostumbrada. Entonces sonrío y a la vez lloro. Me pica en cierta forma la curiosidad. Umm... Creó que debería coger el móvil y mirar el mensaje que me han enviado.
En ese mismo momento observo como el móvil empieza a temblar. Me extrañó, bastante la verdad. !OTRO MENSAJE¡ La gente se estaba volviendo loca. Cojo el móvil, aunque en realidad lo sostengo para que no se caiga. Tampoco opongo resistencia. Empiezo a ver como recibo mensajes, Whaapss... Intento fijar la vista al móvil, tantas horas con oscuridad, el móvil tiene una luz demasiado potente para mis ojos ahora mismo. Poco a poco se van acostumbrando y empiezo a leer, uno por uno. Claramente por orden de importancia para mi. Todo el mundo se toma las molestias de darme suerte en el partido o incluso de decirme que vienen a verme. Entonces leo uno de mi entrenador: "El partido se aplaza a las 8, ya lo entenderéis más tarde estar a las 6."
¿A LAS 6?- Pensé al instante. ¿Todos se habían vuelto locos? Mire los libros con cierto desagrado y inicié mi largo día de estudio mirando mi móvil y sabiendo que algo estaba cambiando, inciertamente no sabía el qué. Había mensajes que me animaban porque mis amigos me venían a ver y eso ya era un paso para mi. Recuerdo que no sé si con los libros pase horas, meses y incluso años. Ni tan siquiera sé si me dormí encima de ellos. Solo recuerdo que escuché una voz que me llamaba para comer y acudí a la llamada, estaba muerta de hambre. Comí rápido o despacio, son detalles difíciles de recordar siempre cuando el día ha sido tan fantástico. Preparé la mochila nada más acabar de comer y salí a la calle, era temprano pero necesitaba aire. Hacía un frío alucinante. Caminaba por las calles casi desiertas de la ciudad. Mientras miraba el reloj y decidí ir al polideportivo. Empapada entre la lluvia y helada por el frío con ganas entré al polideportivo. Me fui a cambiar y me senté en la grada a ver jugar a unos niños que calculo que no tendrían más de 12 años, con mis cascos y mi querida amiga la música de fondo. Recuerdo que todo pasó muy rápido, de repente calentando empecé a ver como venía gente y gente... Hasta casi llenar el polideportivo, me asusté y fui corriendo donde mi entrenador. Me acerque esperando una explicación, parecía preocupado o asustado. No me quiso decir nada. Observe a mis amigos llegar y me puse a correr en su busca, les abrace. Que raro está todo el mundo pensaba mi cabeza. Hasta que mi entrenador me mando a hablar con él. Me asusté. El tiempo transcurrió rápido, demasiado a pesar del miedo que tenía. Antes de un abrir y cerrar de ojos, me veía tirando el triple que no daría la victoria. Esos segundos en los que el balón volaba por los aires sentía miedo y confusión a la vez, demasiados sentimientos. Entonces recuerdo aquella frase que escribí hace unos años en un papel y me empiezo a dar cuenta de que los sueños se hacen realidad y que las metas solo son metas cuando las deseamos con fuerza. 
