"Si nada nos salva de la vida, al menos que el amor nos salve de la muerte."
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sábado, 22 de noviembre de 2014
La grandeza de un equipo unido.
miércoles, 22 de octubre de 2014
La oscura soledad.
Acuérdate también de mi.
sábado, 23 de agosto de 2014
Estrella Polar
Oscura noche. Incierta. Mágica. Nostálgica. Un bol de palomitas se hace poco a poco en el microondas. Gotas. Huele a lluvia. El cristal se baña de la misma forma que hace una semana. Se llena de pequeñas motas de agua que corren. Corren por llegar primeras. Algunas tienen prisa. Una pareja descansa cómodamente en el sillón de su casa. Orgullosos el uno del otro. Felices por llegar adónde han llegado. Enamorados.
La prisa de la lluvia contra las ganas de comerse la vida de la pareja. El calor de sus abrazos y las palomitas en los labios del otro esperando a los de su pareja, a que se coma la palomita y lo/la bese como siempre, con ganas, con valor, con calor, con amor.
Todas las mentes están cerradas hasta que llega la llave. Una llave que no sólo abre la mente. Abre el corazón. Abre los ojos. Abre los labios. Abre un grifo de sentimientos que nunca habías sentido. Y es entonces, sólo entonces, cuando de verdad somos felices.
La felicidad está al alcance de nuestra mano. Sólo tiene que llegar alguien que te haga creer de verdad en ella. Y por muchos túneles que haya que pasar. Por muchos precipicios que haya que saltar. Por muchos abismos que temamos, siempre estará esa persona que será nuestra luz, nuestro puente y nuestra mano cuando más lo necesitemos.
No hay casualidad que valga. No hay espera que no se haga larga. No hay lágrima que no merezca la pena, si al final de todo, está esa persona.
Nuestra estrella polar.
viernes, 22 de agosto de 2014
"El encuentro inesperado."
Aquel día tenía las manos heladas y todo el cuerpo le temblaba, hacía demasiado frío. Los cristales de los coches estaban excesivamente empañados, apenas se podía distinguir la luz de estos ya que había una niebla terrorífica encima de Londres.
Ann acababa de terminar su jornada de trabajo en la peluquería, era una de las mejores peluqueras del país. Le contaba a su mejor amiga su vida, su amargada vida. Adele, su amiga desde la infancia, le escuchaba mientras le contaba sus penas. Es importante decir que a Adele, le iba muy bien en la vida. Estaba casada con un importante empresario llamado Marc. Adele y Marc llevaban juntos desde los catorce años. A Ann le sorprendía como eran capaces de quererse con tantas ganas a pesar de todo lo que habían pasado.
Ann, nunca había tenido pareja estable. Bueno, ya tenía veinticuatro años. Igual empezaba a ser tarde para encontrar a un chico como Marc. Ya que estuvo colada por él muchísimo tiempo antes de que empezará a salir con Adele, algo que ella nunca sabrá.
Entre Marc y Ann había una complicidad jamás vista, aunque Adele y él nunca habían tenido problemas, Ann siempre quiso tener algo con aquel empresario.
Mientras, estaba distante aquel día en la conversación con Adele, por desgracia, pensando en Marc. Se tropezó con una baldosa suelta y cayó al suelo mientras el móvil se destrozaba en la caída. Alex, un apuesto estudiante de medicina y a su vez futuro modelo. La estaba observando cuando la vio desplomarse al suelo y no dudo en correr a socorrer a la elegante Ann. Fue a levantarla cuando ella, levantó la vista. Sus preciosos ojos verdes cruzaron la vista con los penetrantes ojos grises de Alex. Después de estar observandose unos minutos, Alex ayudó a Ann a levantarse.
Joder, es preciosa - Pensó Alex mientras le ayudaba.
Tenía el tobillo de la pierna izquierda realmente hinchado tras aquella caída.
- Tienes el tobillo muy hinchado, ¿Te duele?
Ann intento mover el tobillo cuando lanzó un grito.
- Me duele mucho.
-Vamos a tener que ir al hospital, menos mal que hoy me he venido con el coche. Vamos, está aquí cerca.
Mientras caminaban, Ann cortésmente le pregunto su nombre. Tartamudeando y con la voz muy dulce. Alex, tenía el pelo cobrizo y unan mirada realmente penetrante que a Ann le producía escalofríos pero quería saber más sobre aquel misterioso hombre.
- Perdón, ¿Cómo te llamas? - Le pregunto Ann
- Alex, respondió él. ¿Y tú?
- Ann. Encantada Alex.
Los dos se sonrieron con ganas de saber más, con ganas de poder desnudar el alma del otro y acabar por descifrar los secretos más ocultos de cada uno.
El viaje al hospital fue una locura, necesitaban llegar cuanto antes. Ann debía de tener el tobillo roto, Alex lo supo, ya que él era estudiante de enfermería.
Ann y Alex estuvieron en el hospital hasta las doce de la noche, pudieron conocerse mejor. Bastante mejor. Contra más se conocían más sentían que estaban creados el uno para el otro.
Ann salió del hospital con el pie escayolado y apoyandosé en los hombros de su recién conocido Alex. Llegarón al coche y el chico se atrevió a invitarle a ver una película en su casa, ya que con él su tobillo iba a mejorar notablemente Ann, encantada, acepto la oferta.Nada más llegar a su casa, le invitó a una copa. Ann estaba realmente impresionada con la casa, le encantaba todo de aquel hombre. Eran tan iguales... y tan distintos a la vez. Aquella noche fue la mejor noche de sus vidas. Aquella noche ganaron algo más que alguien con quien compartir su vida, aquella noche entendieron el placer de vivir. Entendieron lo realmente preciosa que era la vida, y todo lo que se habían perdido de ella.
Al cabo de unos años, se casaron. Y desde aquel día, creen que de la ruina se puede pasar a la felicidad en un abrir y cerrar de ojos. En un abrir y verte al amor de tu vida delante de ti y tan solo saber, que ese es el instante. El mejor instante de tu vida.
viernes, 15 de agosto de 2014
"La familia perfecta."
Empecé a ver a mis "Piruleros" a mi al rededor en la cama, saltando y soltando carcajadas que podría asegurar que le escuchaban hasta en recepción. Cantaban el cumpleaños todos a coro, me ruboricé. La piel de gallina y con los ojos llorosos di las gracias mientras nos fundíamos en un abrazo que a pesar de durar segundos, podía sentir el olor de la familia. De la única familia que elegimos, de la que estoy orgullosa porque tengo a la mejor familia del universo. Estuvimos en la habitación hablando todos hasta las 6 de la mañana, mientras el único reloj que había marcaba las horas pero en aquel momento, ninguna hora era valida. ESTÁBAMOS JUNTOS, ERA LA PERSONA MÁS FELIZ DEL MUNDO. ¿Para qué hacerlo?
Ya has conocido mucha gente a lo largo de tu vida, unos marchan, otros se quedan y la que acabas de conocer no será diferente. Lo más seguro es que la veas 2 o 3 veces más simplemente o ni siquiera más que esa vez. Será una persona más en la gran lista de ellas.
Al rato sientes que quieres que esa persona pertenezca a la parte de los que se quedan. Apenas dio tiempo a conoceros demasiad, pero esa persona tiene algo que pocas veces viste en otras.
Llega el momento de la despedida. Lo poco que pudisteis conoceros hace que no quieras que acabasen esas timidas conversaciones, bromas y risas. Quieres que duren un poquito más, solo un poco. Te consuela saber que tienes los medios para poder seguir hablando en el futuro.
Pasa el tiempo, y con él, vais conociendoos más y más. Te preguntas como pudo ser que no conocieras a esa persona antes. ¿Por qué tienes tantas ganas de hablar con esa persona? ¿Y por qué sientes que puedes confiar tan ciegamente en esa persona?
No dejas de recordar todaa las veces que confiaste y te engañaron. Todas las veces que sufriste por otros… Pero también, algo en tu interior, sabe que no será de ese tipo de gente, que no te hará daño.
Llega un momento que pase algo malo o algo bueno, no tardas un instante en contarle lo ocurrido. Ya no hay nada de lo que no hableis. Y da igual que veais que en ciertas cosas sois totalmente contrarios, no te importa, nadie puede ser idéntico a otra persona, y la experiencia ya te enseñó que cuando se es igual en todo a alguien no iran bien las cosas ya que si coincidis tanto suele ser porque te intenten engatusar.
Sigue pasando el tiempo…
Algo ocurre y esa persona que antes necesitabas contarle todo, esa personas en la que confiabas, no está. Simplemente seguisteis cada uno con vuestras vidas. Conociendo nueva gente, dedicando más tiempo a uno mismo, la distancia… Da igual porque fue, simplemente desaparecisteis del mundo del otro. Pero sin marcharos en realidad…
Nunca pensaste demasiado el motivo por el que esa persona se fue. Era como el resto… Pero la duda te corroe siempre en la mente. Echas en falta algo que solo dicha persona conseguia darte y nadie más volvió ha conseguir darte. No sabes el qué, no habia palabras que lo pudieran describir. Y no entiendes porque pdro cuanto más vueltas le das, más te das cuenta de que esa persona aunque lo pasase mal siempre te lo ofrecia sin que lo pidieras. Y no eras consciente de que lo recibías.
Te paras a recordar y aunque sabias porque estaba mal y lo mal que lo pasaba siempre que pudiera hacerte sonreir lo haria sin dudar ya que aunque tu en ese momento no lo sabias verte feliz hacia que todo ese mal se disipara. Y tienes más claro que tenía de especial.
Sigue tu vida, pero esa persona ya no está. Quieres volver a hablar, quedar, lo que sea por volver a sentir eso. Pero no te atreves. ¿Y si ahora era feliz sin ti? ¿Y si ya no te recuerda o está emfadado/a contigo por cortar vuestra relación de esa manera que no tenia sentido alguno? Todo esos “y si” te paraban y hacían que no pudieras reunir las fuerzas necesarias. Además conociste a gente nueva que te alegraba el día. ¿Para qué remover el pasado arriesgando a empeorar las cosas? Y sobre todo… ¿Por qué tengo a la vez esta idea tan clara pero ves algo que te recuerde a esa persona y tienes esa necesidad de tenerla de nuevo a tu lado?
A pesar de todo no le deseas mal alguno. Al contrario. Quieres que sea feliz. En el pasado siempre intentaba hacerte sonreir y olvidar lo malo siempre te ayudaba. Pero eso no era unidireccional. Tú se lo devolvias siempre. No por compromiso. Solo querías que fuera feliz. Pero no eras consciente de ello realmente hasta que dejo de estar a tu lado. Su sonrisa, su alegria, todo su ser te hacia sentir bien sin más y no pensaste nunca el porque. Te das cuenta que había algo que siempre quisiste decirle. Pero extrañamente se lo habias dicho. Los “te quiero” no eran simplemente de amistad y muestras de cariño. Tenían su trampa ya que significaban más pero no eras consciente de ello realmente porque, de nuevo, ¿qué importaba todo si estabais juntos los dos?
Sigue tu vida pasando y aún esperas un mensaje, una llamada… Un simple encuentro. Perder ese miedo tonto, ese orgullo idiota y volver a hablar con esa persona, volver a abrazarla, volver a tenerla. Salir de ese sentimiento de soledad. Pero no te atreves. Y lo malo es que sabes que la persona que te haría feliz cada vez se aleja más y más. Pero no quieres salir de esa comodidad, no te atreves. Y tienes la esperanza de que alguien, quien sea, repitiendo lo ocurrido aparezca de golpe delante tuyo y te haga sentirte así de nuevo. Y sobre todo quieres y deseas que esa persona que decidiste que formara parte de tu pasado, sea feliz. Aunque te duela algo que no sea por ti. Pero que sea feliz simplemente. Y quizás llegue el día que os volvais a cruzar y podais mostraros mutuamente que habeis sobrevivido a lo que pensabais que era imposible, a la ausencia del otro. Y de no ser así, sabes que tú siempre velarás para que así sea.
Y mientras… El tiempo no descansa y observa como la persona de la que estuviste enamorado/a se aleja de ti. Pero ese sentimiento no desaparece, solo se esconde, esperando…
Lucía estés donde estés te quiero, te echo de menos y descansa en paz
jueves, 17 de julio de 2014
“Ella"
Es de noche. Son exactamente las 2:21 de la madrugada del 18 de julio del 2014. Sólo se me pasa una mirada por mi cabeza, la tuya. Una sonrisa, una cara, una melena, un tono de piel, una lágrima, un lunar de tu cuerpo, un beso, un todo. Puede que estemos a más kilómetros de los que deberíamos porque verdaderamente tu sitio está en mi cama cada noche y el mio a tu lado, por supuesto. Me da miedo. No estar a tu lado me produce pánico, ganas de vomitar y un dolor agudo en el bajo vientre. Y tal vez sea sólo que te echo demasiado de menos como para escribir objetivamente y puede que sólo necesite verte para que mi miedo se vaya y abrazarte con mis brazos y tenrte cerca y decirte al oído que eres lo mejor que me ha pasado nunca y que estoy enamorado de ti. Y puede que tan sólo seamos dos almas en pena que han vagado hasta encontrar a su mitad perdida, que hemos sufrido todo aquello porque, en el fondo, ambos sabíamos que el otro estaría en la meta, esperándonos, con una botella de agua y un jersey para que no nos quedemos fríos. Y quizá el miedo sólo sea eso: pensar que nunca encontraremos a alguien que nos arrope en nuestra meta pero yo ya no tengo miedo. ¡No tengo miedo joder! ¡LA VIDA YA NO ME DA NINGÚN MIEDO PORQUE ESTOY JUNTO A TI EN ESTE MAR DE LÁGRIMAS Y LOS DOS REMAMOS AL UNÍSONO HACIA LA LIBERTAD! Y por eso no hay que tener miedo. Porque tarde o temprano, llegaremos a meta y veremos a alguien que nos tiene un jersey reservado. Y al fin y al cabo eso es lo que tú eres para mi, la persona que he esperado todo este tiempo al llegar a meta, y sabes qué? En toda la carrera no quise ver a nadie más.
martes, 15 de julio de 2014
Nostalgia
Solo llevaba tres días sin verla y ya la echaba de menos. Su cuerpo era invadido cada hora por una sensación parecida a la que sientes cuando alguien se va lejos. No lejos de viaje o lejos de distancia, sentía esa sensación que siente alguien cuando una persona cercana muere, ese tipo de lejos que esperamos que nunca llegue. Pero ella no se había muerto, solo estaban de viaje. Una pareja normal, sencilla, eh, pero puedo asegurar que es la pareja que a día de hoy más se ama de todo el mundo. Y es que su sonrisa lo privaba. Y a ella contar los lunares del cuerpo de su chico. Y a él oler su suave pelo de fuego que desprendía un dulce aroma afrutado, como si alguien estuviese haciendo un rico pastel de fresas con nata. Y a ella le encanta besar su sonrisa, y a él que ella lo hiciera. Él soñaba todas las noches con verla, y fue entonces cuando sucedió. Quedaron para volver a verse en su ciudad natal. Y ¿sabéis qué? Cuando se vieron a lo lejos ella hecho a correr, y él la siguió, y ambos se fundieron en un abrazo que llevaba como aderezo sonrisas y lágrimas. Y entre este baile místico y agridulce, solo dejaron de besarse para decirse “Te amo". Y, fue entonces, cuando ambos se afirmaron algo a sí mismos: se amaban. Se amaban, se aman y se amarán. No como esas parejas que se dicen ”Teh AmoOh PaRaHh 100pre", (perdón por tal brutalidad. Yo mismo he ido a vomitar al baño pero era para darle más realismo) se aman como de verdad hay que amar a alguien: fuerte, con ganas y desde el corazón. Y fue entonces cuando se dieron de que se enamoraron el uno del otro como alguien que se duerme: primero lento y, luego, muy, muy rápido. (Esta última frase es obra del autor de “Bajo la misma estrella").
jueves, 10 de julio de 2014
"Tengo el tiempo entre los dientes para ti."
Se extraño al ver que la llamada era de su novia, María. Así que pidió disculpas a sus amigos y se levantó de la mesa haciendo un ruido estremecedor con la silla. Descolgó el teléfono y lo primero que escucho fue el llanto de María.
- Amor mio, ¿Qué te pasa? - le preguntó.
- No lo sé Oscar, te necesito, necesito que estés a mi lado.
Oscar seguidamente colgó el teléfono y María rompió a llorar en su cama mientras él subía a su habitación a por las llaves de su coche, se acercó a la mesa de sus colegas cuando ya tenía las llaves y les dijo:- Mañana vuelvo, no me esperéis está noche. Ya os contaré.
Sin acabar de pronunciar estas palabras salió del Hotel. Cuatro horas de viaje en coche, cuatro malditas horas que le separaban de la niña de sus sueños. Nada más llegar y aparcar debajo de su casa le llamó.
-María, cariño, ¿Puedes abrirme la puerta? Tengo frío.
Ella, en tono burlón le dijo que no estaba para bromas. A lo que él respondió, asómate a la ventana. Y allí cruzaron las miradas los dos enamorados, locos el uno por el otro.
-María, siento no haberte avisado antes, quería que fuera una sorpresa. Anda abre la puerta, estoy congelado.
-Eres increible -Respondió ella.
Y es que, a veces los más mínimos detalles son los que marcan la diferencia. Esos momentos en los que la persona que tienes al lado te necesita y le das todo lo que te queda para verle sonreír. Esos momentos en los que sabes que tienes que actuar y el mundo desaparece por esa persona, porque en realidad tu mundo es la persona por la que estás moviendo mar y tierra. Y pensandolo bien, ¿Qué limites tienes cuando estas enamorado?
martes, 8 de julio de 2014
“Las lágrimas de Gaia"
La raza humana lleva en nuestro planeta desde el principio de los tiempos, y desde entonces solo hemos sabido cagarla. Superpoblación, deforestación, extinción animal, pobreza, genocidios y guerras han diezmado desde los recursos naturales hasta los animales más exóticos. Lo peor de todo es que nuestra población aumenta diariamente exponencialmente, haciendo que la Tierra se desgaste más rápidamente aún y teniendo que sostener, cada vez más, a un mayor numero de consumidores que no ven más allá de su gorda panza y su televisor de plasma. Pero aquí no acaba la cosa, lo mejor de todo es que, aun sabiendo que vamos a morir ahogados por nuestra propia mierda, seguimos pensando en comer más y más y más, solo porque nos hemos acostumbrado a un nivel de vida que unos pocos disfrutan, mientras millones de personas mueren día a día en África o Asia por falta de agua, comida o simplemente un hogar. lunes, 7 de julio de 2014
“Anoche, en Italia"
El ocaso se hacia presente en el cielo mediante tonos de rojo cobrizo y naranja suave. El sol, ya envuelto por las últimas nubes del día, comenzaba a acostarse como un recién nacido en su cuna. En cambio, su antónimo, la luna, salia de casa, llena, reluciente y brillante para amenizar las cenas de las parejas que salían a la terraza a comenzar la velada. Como es natural en nosotros, cogimos la mesa de siempre, esa que pega al mar y donde se pueden ver las olas romper en la playa. El dulce aroma del orégano italiano mezclado con la suave brisa del mar hacían que estar en aquella mesa con ella resultase algo casi imposible de describir. Se nos acercó el mismo camarero de todos los días, nos tomó la nota y me felicitó nuevamente por tener la suerte de estar con tal belleza. Los tres sonreímos y en menos de veinte minutos estábamos cenando. Entre los diversos platos que pudimos degustar, he de destacar los tallarines con crema y setas; acompañados de un buen vino toscano y la belleza que me ofrecía su tez hicieron que aquella cena todavía siga en mi paladar y memoria. Para rematar la noche, una sesión de caricias, mimos y carantoñas varias hizo que aquella noche, siga siendo a día de hoy, una de las mejores noches que he pasado en mi vida.
“Desayunos a pie de cama"
09:00 a.m. Mi hora particular para desvelarme todas las mañanas. Pero aquella mañana no era como todas las demás, la tenia a ella a mi lado. Solo habían pasado cuatro horas desde que me volví a dormir a su lado, disfrutando de su calor corporal y de su bonita sonrisa risueña y durmiente. Ella seguía dormida, y como no, aquello me dio una idea. Me levante rápidamente de la cama, mire por la ventana de la cocina y me alegré; todo estaba nevado y seguía nevando ( he de declararme fan incondicional de la belleza de la nieve). Dejando la nieve a un lado, me dispuse a preparar su desayuno. Café, tostadas con frambuesa, zumo de naranja, beicon crujiente, gofres... En resumen, un desayuno en condiciones. Pero además del desayuno, cogí una de las rosas que compré para ella el día anterior y la puse en la bandeja, junto a una carta en la que ponía algo así: “Buenos días cariño. Nunca viene mal recordarle a alguien lo mucho que la amas; creo que este es un buen momento para hacerlo. Despertar a tu lado en una mañana fría es un dulce placer que no pienso compartir con nadie, y ya no hablemos de dormir contigo. Te amo mi pequeño copo de nieve y no pienso dejar que nadie ni nada te derrita".Acabada la sorpresa, llegué a la habitación y desperté a la bella durmiente de pelo llameante. Eh, su cara de sorpresa y felicidad valió cada naranja exprimida, cada gota de café con leche y cada gota del perfume de la rosa.
domingo, 6 de julio de 2014
“El calor de una noche de invierno"
Era una noche de invierno. El despertador marcaba las 03:25 a.m. y yo me desvelé. Tenía varias mantas encima, y mi pijama preferido puesto. Me gire para darme la vuelta y allí estaba, la mujer más preciosa del mundo a mi lado. Tumbada. Dormida. Sonriente. Podría jurar que su pelo de fuego brillaba en la oscuridad de la habitación y que sus labios de rosa me miraban. Iluminada por la tenue luz que se filtraba por uno de los huecos de la persiana; era el tono perfecto para que su belleza destacase aun más en aquella noche invernal. Hizo una mueca, como si fuese a despertarse porque yo la miraba fijamente, pero únicamente fue un lento amago de su perfecto rostro. Mis manos, inquietas, sólo podían pensar en acariciar su blanca tez; mis labios en besar su frente y mis ojos... En seguir mirándola eternamente. Me giré un momento para mirar la hora, las 05:00 a.m. Me sobresalté por la hora, pensaba que tan solo habían pasado unos minutos. Decidí acostarme a lo más cerca suyo, sin despertarla, pero sintiendo su agradable calor corporal. Y mientras Morfeo me inducia al sueño, yo solo podía pensar en ella, en su sonrisa de ángel, y sus ojos de estrellas. Cuan afortunado soy de seguir teniéndola hoy en día.sábado, 5 de julio de 2014
Amor verdadero.
Se quedaron mirándose durante media hora de reloj sin ni tan siquiera pronunciar una palabra, tan sólo fijaban sus ojos en los del otro. Se agarraban fuerte de la mano y se miraban, demasiada sinceridad en una mirada parecía como si se conocieran desde siempre, como si serían almas gemelas separadas al nacer. 


