Que el tiempo corre y yo voy detrás el sin cabeza. Tratando de atraparlo, quedarmelo y revivir contigo todos esos momentos pasados.
Lo miro de frente, corre... Y no entiendo porque no fui capaz de vivir cuando tenía tiempo, de amar cuando era posible y de sentir cuando aún afloraban sentimientos. Entonces, salgo de casa corriendo. Siento el frío como cala en mis huesos, es de noche y aunque te busco, no te encuentro. Siento miedo, lo acepto y continuo corriendo. Me encuentro con la naturaleza, maldigo una y mil veces las tonterías que hemos hecho, lo poco que te hemos querido y vuelvo a mirar el reloj, ya no queda tiempo.
Me paro en un banco, respiro y después de coger aire. Me acuerdo de tus gestos, abrazos... Y me doy cuenta que te echo de menos, lo siento, te sigo echando de menos. Recuerdo las fotos, las despedidas y todas las palabras bonitas que soy capaz de recordar y acepto que como el tiempo, no volverán. Tengo miedo, mucho miedo. Desde que te fuiste nada ha vuelto a ser igual, te quiero, no te miento pero no acepto tu huída. No acepto que no supieses controlar el tiempo o tal vez que no fuese capaz de volver atrás para volverlo a vivir.
Vuelvo a casa, las lágrimas se derraman por mi cara. Me prometo que no te echaré de menos, cierro la puerta y me quedo mirando tu foto. Vuelvo a conseguir detener el tiempo, cierro los ojos y te pienso... Y te escribo un poema.