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miércoles, 5 de julio de 2017

1. El chico de la sonrisa gris


No recuerdo la fecha con la que quiero empezar a contar la historia, o quizás si, pero lo correcto sería dejarlo con el día más feliz de mi vida del que nunca recordaré la fecha a pesar de dejarme marcada para siempre. Siendo sinceros, la fecha no me apetece escribirla ya que pienso que los mejores secretos son aquellos que nunca le contamos a nadie, que nos los guardamos para siempre dentro de nosotros mismos, en el fondo del alma. Eso son los verdaderos secretos. Por eso y por muchas otras cosas he decidido empezar esta historia sin decirte como me llamo, sin decirte la fecha exacta de aquel día de felicidad eterna y ocultándote toda posibilidad de que puedas conocer a los personajes de esta historia, que son muy reales, pero no nombraré sus nombres aunque igual sea capaz de guardarme algún as para más adelante. No me quiero liar más no vaya ser que empecéis a unir cabos sueltos.

Recuerdo aquel día con ilusión, con ansia pero sobre todo con mucha vida. Si, he dicho vida, eso que me faltaba en muchos momentos a la hora de, eso, vivir.  Aquel caluroso día de agosto iba caminando por las calles de Salburua, diría que sin aparente rumbo fijo pero, realmente tenia un rumbo marcado en mi mapa personal. Caminaba con mi paso lento, adoraba andar despacio para observar todo lo que me rodeaba con intriga. Soy una chica observadora, muy soñadora pero sobre todo una luchadora nata. Desde que nací, tuve que luchar por todo aquello que quería conseguir. Siempre tenia algún obstáculo más que el resto, pero eso no me preocupaba ya que me encantan los retos. Me gusta ver algo complicado y ir a por ello sin pensarlo más de una vez, impulsiva me llaman.

 Llegue a mi destino después de una hora andando, y entre con el miedo que entra un niño por primera vez a la escuela. Ese miedo que se refleja en los ojos de todos cuando llega un momento al que no nos queremos enfrentar pero en realidad tenemos ganas de conocer algo más de esa nueva etapa que estamos empezando. La verdad es que no me recibieron mal, todo lo contrario fui muy bien recibida y es que, aunque eran caras nuevas todo aquello ya lo había vivido antes con otras caras, demasiado reconocidas. Así que, era mucho mas sencillo de lo que parecía, no os voy a engañar. Aquel día me dedique a observar, observe más de lo necesario, como de costumbre. A lo lejos había un chico muy alto, sencillo y con la mirada muy firme. No le dí mas importancia, hasta que nuestras miradas se cruzaron de cerca y él se me quedo mirando. En aquel momento el tiempo entendió que era hora de detenerse. Que aunque mi mundo nunca se detuviera por nadie, en aquel momento tenia que detenerse y marcarlo para siempre así que se detuvo.

Él era tímido, y me atrevería a llamarle inseguro. Apenas sonreía, las sonrisas que tenia eran entre cortadas como intentando darte las gracias siempre por algo. Era el chico de la sonrisa gris, y yo la chica de las batallas azules. El tiempo transcurrió rápido aquella tarde de verano, a pesar de haber algún incidente que otro del que no es correcto hablar en esta historia. El chico de la sonrisa gris ocultaba mil de historias que me gustaría conocer, es ese momento en el que conoces a alguien por primera vez y sientes necesidad de saber toda su historia. Algunas personas nos llaman la atención nada más conocerles y sentimos que llevan toda la vida en nuestra vida y a pesar de acabar de conocerlas nos resultan familiares. Y es que, el chico de la sonrisa gris era conocido para mi. Yo ya le había observado antes, pero de lejos y por primera vez. Una observación de estas en las que eres capaz de escanear a la otra persona por que nada más conocerla sientes que tienes algo increíble con ella. Y eso me pasaba con él, pero al verle de cerca, todo fue distinto, hubo una conexión anormal entre nosotros. Que a mi me hacía inquietarme en todo momento, pero sobre todo cada vez que le miraba.

Después de todas aquellas explosiones de sentimientos me disponía a ir a casa ya que era tarde, cuando le vi escaparse rápidamente por el rabillo del ojo. Se iba en un coche precioso y grande, y a toda velocidad me adelanto por la izquierda sin yo esperarme que aquel chico sería capaz de pegar tal aceleron a un coche. Sonreí y pensé, -con lo seguro que parecía- y continué mi camino. Tenía demasiadas ganas de llegar a mi casa, estaba realmente cansada había sido un día muy duro y a la vez muy extraño. Llegué a casa hora y media más tarde, ya había anochecido y mis padres me esperaban para cenar. No tenia mucha hambre pero me senté en la mesa con ellos. Nada más terminar la cena me tumbé en mi cama con mi móvil, y mentiría si diría que no busque información de él aquella misma noche. Así que bien, ya sabéis como me pase toda la maldita noche, buscando información del chico de la sonrisa gris. Perdonar, se me había olvidado por completo contaros el motivo de su mote. Pues bien os haré un pequeño adelanto, a lo largo de todos los momentos que pasé con él a pesar de no ser un chico sonriente conseguí que me mirara y se le escapará una sonrisa. Una sonrisa que al principio era de medias tintas, y que más adelante se convirtió en una de esas sonrisas en las que te gustaría quedarte a vivir. El chico de la sonrisa gris, es por qué uno, la sonrisa como os acabo de contar era la más bonita que veré jamás y dos, la única capaz de hacerle sonreír así era yo. El tema del color ya es algo más personal que os contaré más adelante, todos los secretos no pueden ser revelados en la primera noche.