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sábado, 23 de agosto de 2014

Estrella Polar

Oscura noche. Incierta. Mágica. Nostálgica. Un bol de palomitas se hace poco a poco en el microondas. Gotas. Huele a lluvia. El cristal se baña de la misma forma que hace una semana. Se llena de pequeñas motas de agua que corren. Corren por llegar primeras. Algunas tienen prisa. Una pareja descansa cómodamente en el sillón de su casa. Orgullosos el uno del otro. Felices por llegar adónde han llegado. Enamorados.

La prisa de la lluvia contra las ganas de comerse la vida de la pareja. El calor de sus abrazos y las palomitas en los labios del otro esperando a los de su pareja, a que se coma la palomita y lo/la bese como siempre, con ganas, con valor, con calor, con amor.

Todas las mentes están cerradas hasta que llega la llave. Una llave que no sólo abre la mente. Abre el corazón. Abre los ojos. Abre los labios. Abre un grifo de sentimientos que nunca habías sentido. Y es entonces, sólo entonces, cuando de verdad somos felices.

La felicidad está al alcance de nuestra mano. Sólo tiene que llegar alguien que te haga creer de verdad en ella. Y por muchos túneles que haya que pasar. Por muchos precipicios que haya que saltar. Por muchos abismos que temamos, siempre estará esa persona que será nuestra luz, nuestro puente y nuestra mano cuando más lo necesitemos.

No hay casualidad que valga. No hay espera que no se haga larga. No hay lágrima que no merezca la pena, si al final de todo, está esa persona.

Nuestra estrella polar.

viernes, 22 de agosto de 2014

"El encuentro inesperado."

Ella, rota en dos mil pedazos después de terminar otro día, volvía hacía su casa. Volvía realmente asustada, cogía su teléfono y hacía la llamada a su mejor amiga, la llamada de las ocho. Así la llamaban.

Aquel día tenía las manos heladas y todo el cuerpo le temblaba, hacía demasiado frío. Los cristales de los coches estaban excesivamente empañados, apenas se podía distinguir la luz de estos ya que había una niebla terrorífica encima de Londres.

Ann acababa de terminar su jornada de trabajo en la peluquería, era una de las mejores peluqueras del país. Le contaba a su mejor amiga su vida, su amargada vida. Adele, su amiga desde la infancia, le escuchaba mientras le contaba sus penas. Es importante decir que a Adele, le iba muy bien en la vida. Estaba casada con un importante empresario llamado Marc. Adele y Marc llevaban juntos desde los catorce años. A Ann le sorprendía como eran capaces de quererse con tantas ganas a pesar de todo lo que habían pasado.

Ann, nunca había tenido pareja estable. Bueno, ya tenía veinticuatro años. Igual empezaba a ser tarde para encontrar a un chico como Marc. Ya que estuvo colada por él muchísimo tiempo antes de que empezará a salir con Adele, algo que ella nunca sabrá.

Entre Marc y Ann había una complicidad jamás vista, aunque Adele y él nunca habían tenido problemas, Ann siempre quiso tener algo con aquel empresario.

Mientras, estaba distante aquel día en la conversación con Adele, por desgracia, pensando en Marc. Se tropezó con una baldosa suelta y cayó al suelo mientras el móvil se destrozaba en la caída. Alex, un apuesto estudiante de medicina y a su vez futuro modelo. La estaba observando cuando la vio desplomarse al suelo y no dudo en correr a socorrer a la elegante Ann. Fue a levantarla cuando ella, levantó la vista. Sus preciosos ojos verdes cruzaron la vista con los penetrantes ojos grises de Alex. Después de estar observandose unos minutos, Alex ayudó a Ann a levantarse.

Joder, es preciosa - Pensó Alex mientras le ayudaba.

Tenía el tobillo de la pierna izquierda realmente hinchado tras aquella caída.

- Tienes el tobillo muy hinchado, ¿Te duele?
Ann intento mover el tobillo cuando lanzó un grito.
- Me duele mucho.
-Vamos a tener que ir al hospital, menos mal que hoy me he venido con el coche. Vamos, está aquí cerca.


Mientras caminaban, Ann cortésmente le pregunto su nombre. Tartamudeando y con la voz muy dulce. Alex, tenía el pelo cobrizo y unan mirada realmente penetrante que a Ann le producía escalofríos pero quería saber más sobre aquel misterioso hombre.

- Perdón, ¿Cómo te llamas? - Le pregunto Ann
- Alex, respondió él. ¿Y tú?
- Ann. Encantada Alex.

Los dos se sonrieron con ganas de saber más, con ganas de poder desnudar el alma del otro y acabar por descifrar los secretos más ocultos de cada uno.

El viaje al hospital fue una locura, necesitaban llegar cuanto antes. Ann debía de tener el tobillo roto, Alex lo supo, ya que él era estudiante de enfermería.
Ann y Alex estuvieron en el hospital hasta las doce de la noche, pudieron conocerse mejor. Bastante mejor. Contra más se conocían más sentían que estaban creados el uno para el otro.

Ann salió del hospital con el pie escayolado y apoyandosé en los hombros de su recién conocido Alex. Llegarón al coche y el chico se atrevió a invitarle a ver una película en su casa, ya que con él su tobillo iba a mejorar notablemente Ann, encantada, acepto la oferta.

Nada más llegar a su casa, le invitó a una copa. Ann estaba realmente impresionada con la casa, le encantaba todo de aquel hombre. Eran tan iguales... y tan distintos a la vez. Aquella noche fue la mejor noche de sus vidas. Aquella noche ganaron algo más que alguien con quien compartir su vida, aquella noche entendieron el placer de vivir. Entendieron lo realmente preciosa que era la vida, y todo lo que se habían perdido de ella.

Al cabo de unos años, se casaron. Y desde aquel día, creen que de la ruina se puede pasar a la felicidad en un abrir y cerrar de ojos. En un abrir y verte al amor de tu vida delante de ti y tan solo saber, que ese es el instante. El mejor instante de tu vida.

viernes, 15 de agosto de 2014

"La familia perfecta."

En el fondo de la habitación se veía la recién pintada pared azul, me adentre. Todo estaba tenebroso en aquel lugar, aunque había la claridad de una pequeña candela, a la izquierda de esta se podía observar la cama y un cubo con champán de primera calidad. Me aproximé pausadamente, no quería tropezarme con nada que hubiera en el suelo. Al fin de al cabo, no conocía aquel dormitorio. Llegue a  la cama y me acomodé. 

Cerré los ojos unos minutos, a los que podría catalogar como una eternidad. Mi mano se desplazo a la derecha y rocé una mesilla de noche, como la curiosidad me mataba abrí uno de los tres pequeños cajones que poseía. Del primero, saqué uno de mis libros preferidos en los que el autor me había dedicado unas palabras, asombrada las leí. INCREÍBLE, ERA INCREÍBLE. Aquel primer cajón aguantaba el peso de algo más, lo saque cuidadosamente y observé que era una pequeña agenda pero al destapar, encontré una carta de mis jugadores preferidos. Comencé a llorar, tenía ganas de gritar... Pero estaba en un hotel de París desconocido, el día de mi dieciocho cumpleaños. Había perdido de vista a mis amigos en el Showcase, una de las discotecas más solicitadas de París. Y al no poder contactar con ellos me había vuelto al hotel, solitaria y vacía. Bueno, aquello que estaba encontrando en los cajones me alegraba la noche. Abrí el siguiente con velocidad y empezó a sonar mi cantante favorito Bon Jovi, me puse a temblar y entreabrí el siguiente y se encendió la luz de la habitación. 

Empecé a ver a mis "Piruleros" a mi al rededor en la cama, saltando y soltando carcajadas que podría asegurar que le escuchaban hasta en recepción. Cantaban el cumpleaños todos a coro, me ruboricé. La piel de gallina y con los ojos llorosos di las gracias mientras nos fundíamos en un abrazo que a pesar de durar segundos, podía sentir el olor de la familia. De la única familia que elegimos, de la que estoy orgullosa porque tengo a la mejor familia del universo. Estuvimos en la habitación hablando todos hasta las 6 de la mañana, mientras el único reloj que había marcaba las horas pero en aquel momento, ninguna hora era valida. ESTÁBAMOS JUNTOS, ERA LA PERSONA MÁS FELIZ DEL MUNDO. 

Verles sonreír, llorar, gritar, saltar... Ver que eramos uña y carne, que todos juntos hacíamos el puzzle más grande del mundo. No porque seríamos muchos, todo lo contrario, tan sólo eramos 11. Porque en aquella habitación se respiraba algo muchísimo más fuerte que cualquier amistad y cualquier amor, en aquella habitación podías ser como realmente eras y que ellos te respetarán. Nunca había entendido que era la felicidad pero aquello se parecía mucho, porque "La felicidad si ya la tienes, compartela.". En aquel momento me sentí infinita, fue el instante de felicidad más bonito del mundo. 


Este escrito es para mis niños piruleros que les quiero por encima de todo, para mi chica preferida del mundo ( Cristina) y por supuesto para mis dos pequeños piruleros- familia, el mejor novio del mundo y el hermano que siempre había querido (Oscar). 
Llega un día en el que conoces a alguien. En ese momento no le das más importancia que cuando conoces a otra cualquiera que hayas conocido hasta el momento.

¿Para qué hacerlo?

Ya has conocido mucha gente a lo largo de tu vida, unos marchan, otros se quedan y la que acabas de conocer no será diferente. Lo más seguro es que la veas 2 o 3 veces más simplemente o ni siquiera más que esa vez. Será una persona más en la gran lista de ellas.

Al rato sientes que quieres que esa persona pertenezca a la parte de los que se quedan. Apenas dio tiempo a conoceros demasiad, pero esa persona tiene algo que pocas veces viste en otras.

Llega el momento de la despedida. Lo poco que pudisteis conoceros hace que no quieras que acabasen esas timidas conversaciones, bromas y risas. Quieres que duren un poquito más, solo un poco. Te consuela saber que tienes los medios para poder seguir hablando en el futuro.

Pasa el tiempo, y con él, vais conociendoos más y más. Te preguntas como pudo ser que no conocieras a esa persona antes. ¿Por qué tienes tantas ganas de hablar con esa persona? ¿Y por qué sientes que puedes confiar tan ciegamente en esa persona?

No dejas de recordar todaa las veces que confiaste y te engañaron. Todas las veces que sufriste por otros… Pero también, algo en tu interior, sabe que no será de ese tipo de gente, que no te hará daño.

Llega un momento que pase algo malo o algo bueno, no tardas un instante en contarle lo ocurrido. Ya no hay nada de lo que no hableis. Y da igual que veais que en ciertas cosas sois totalmente contrarios, no te importa, nadie puede ser idéntico a otra persona, y la experiencia ya te enseñó que cuando se es igual en todo a alguien no iran bien las cosas ya que si coincidis tanto suele ser porque te intenten engatusar.

Sigue pasando el tiempo…

Algo ocurre y esa persona que antes necesitabas contarle todo, esa personas en la que confiabas, no está.  Simplemente seguisteis cada uno con vuestras vidas. Conociendo nueva gente, dedicando más tiempo a uno mismo, la distancia… Da igual porque fue, simplemente desaparecisteis del mundo del otro. Pero sin marcharos en realidad…

Nunca pensaste demasiado el motivo por el que esa persona se fue. Era como el resto…  Pero la duda te corroe siempre en la mente. Echas en falta algo que solo dicha persona conseguia darte y nadie más volvió ha conseguir darte. No sabes el qué, no habia palabras que lo pudieran describir. Y no entiendes porque pdro cuanto más vueltas le das, más te das cuenta de que esa persona aunque lo pasase mal siempre te lo ofrecia sin que lo pidieras. Y no eras consciente de que lo recibías.

Te paras a recordar y aunque sabias porque estaba mal y lo mal que lo pasaba siempre que pudiera hacerte sonreir lo haria sin dudar ya que aunque tu en ese momento no lo sabias verte feliz hacia que todo ese mal se disipara. Y tienes más claro que tenía de especial.

Sigue tu vida, pero esa persona ya no está. Quieres volver a hablar, quedar, lo que sea por volver a sentir eso. Pero no te atreves. ¿Y si ahora era feliz sin ti? ¿Y si ya no te recuerda o está emfadado/a contigo por cortar vuestra relación de esa manera que no tenia sentido alguno? Todo esos “y si” te paraban y hacían que no pudieras reunir las fuerzas necesarias. Además conociste a gente nueva que te alegraba el día. ¿Para qué remover el pasado arriesgando a empeorar las cosas? Y sobre todo… ¿Por qué tengo a la vez esta idea tan clara pero ves algo que te recuerde a esa persona y tienes esa necesidad de tenerla de nuevo a tu lado?

A pesar de todo no le deseas mal alguno. Al contrario. Quieres que sea feliz. En el pasado siempre intentaba hacerte sonreir y olvidar lo malo siempre te ayudaba. Pero eso no era unidireccional. Tú se lo devolvias siempre. No por compromiso. Solo querías que fuera feliz. Pero no eras consciente de ello realmente hasta que dejo de estar a tu lado. Su sonrisa, su alegria, todo su ser te hacia sentir bien sin más y no pensaste nunca el porque. Te das cuenta que había algo que siempre quisiste decirle. Pero extrañamente se lo habias dicho. Los “te quiero” no eran simplemente de amistad y muestras de cariño. Tenían su trampa ya que significaban más pero no eras consciente de ello realmente porque, de nuevo, ¿qué importaba todo si estabais juntos los dos?

Sigue tu vida pasando y aún esperas un mensaje, una llamada… Un simple encuentro. Perder ese miedo tonto, ese orgullo idiota y volver a hablar con esa persona, volver a abrazarla, volver a tenerla. Salir de ese sentimiento de soledad. Pero no te atreves. Y lo malo es que sabes que la persona que te haría feliz cada vez se aleja más y más. Pero no quieres salir de esa comodidad, no te atreves. Y tienes la esperanza de que alguien, quien sea, repitiendo lo ocurrido aparezca de golpe delante tuyo y te haga sentirte así de nuevo. Y sobre todo quieres y deseas que esa persona que decidiste que formara parte de tu pasado, sea feliz. Aunque te duela algo que no sea por ti. Pero que sea feliz simplemente. Y quizás llegue el día que os volvais a cruzar y podais mostraros mutuamente que habeis sobrevivido a lo que pensabais que era imposible, a la ausencia del otro. Y de no ser así, sabes que tú siempre velarás para que así sea.

Y mientras… El tiempo no descansa y observa como la persona de la que estuviste enamorado/a se aleja de ti. Pero ese sentimiento no desaparece, solo se esconde, esperando…
Esa pequeña esperanza de volver verla, tocarla, simplemente disfrutar de nuevo de su compañía. Llamándola cada noche sin recibir la ansiada respuesta. Tener la sensación de tenerla al lado, casi como si pudiera tocarla pero no está ni volverá a estarlo. Saber que ambos no podrían soportar vivir sin el otro. Y un horrible día ella se tuvo que ir en contra de su voluntad. Rodeado de gente pidiendo ayuda para soportar que no está intentando ser feliz y seguir adelante como sabe que ella hubiera querido y hubiera sido si estuviera. Pero a su vez deseando acabar con todo, rendirse atajando el reencuentro. Ya que teme que ninguna noche, día o momento siquiera vuelva a sentir lo que sintió y en parte sigue sintiendo por alguien que se tuvo que ir. Queriendo ser feliz de nuevo solo por ella pero no poder por el mismo motivo. Echándola de menos todo el rato y lamentándose pensando que podía haber aprovechado más tiempo con ella. Sueños dulces que se convierten en puñaladas en el corazón. Querer decirle de nuevo lo mucho que la ame y amo y agradecerlo todo lo que me dio y decirle lo difícil que está siendo vivir sin esa llamada diaria, esa vez que nos veíamos cada 3 meses y sabiendo que este año estarías viviendo aquí ya.

Lucía estés donde estés te quiero, te echo de menos y descansa en paz