Vistas de página en total

miércoles, 22 de octubre de 2014

La oscura soledad.

Y por más que intentes sonreír, algo te lo impide. Comienzas a temblar y intentas buscar motivos para acabar con este desorden mental. Vives en un continuo caos por el que luchas para intentar encauzarlo en el camino de la felicidad. 



Pero, no es tan fácil como puede ser sonreír aunque por dentro estés en guerra. Nada es más sencillo que fingir estar bien cuando todo esta mal. Nada es más fácil que dedicar unos minutos a una sonrisa, una sonrisa de la que algunos pocos saben clasificar como falsa. Una sonrisa que tan sólo pide que te dejen tranquila en tu soledad mas amarga, con su oscuridad mas oscura. 

Acuérdate también de mi.

¿Recuerdas como tus manos frías me hacian sentir calor en pleno invierno? Recuerdo cada gesto de ti. Tus sonrisas torcidas, tus manos frías y tus ganas inmensas de querer agarrarte a la vida. Me enseñaste a ser diferente a los demás pero ya no estas. 

Ahora que no te tengo siento que nadie volverá a llenar nunca este vacío que tu me has dejado. Por suerte, sueles aparecer en mis sueños para darme el beso de despedida que no te dio tiempo a darme y yo te suelo decir todo eso que nunca me dio tiempo a decirte. Y así se pasan las 8 horas, enfrente tuyo con palabras de sobra en la lengua y silencios eternos, silencios que duelen, ¿Por qué es tan complicado hablar cuando tienes tanto que decir? Y otro día más amanezco entre lágrimas, con las sabanas empapadas y vuelvo a escribirte la misma carta todas las mañanas con la esperanza de que lo que nunca fui capaz de decirte en la realidad y lo que nunca seré capaz de decirte en sueños sean palabras tuyas, acaben siendo la marca que me dejaste al irte. Que te pediría que volvieras una vez más para poder decirte todo con un beso, porque los besos tienen poder curativo cuando te los da la persona adecuada.