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jueves, 17 de julio de 2014

“Ella"

Es de noche. Son exactamente las 2:21 de la madrugada del 18 de julio del 2014. Sólo se me pasa una mirada por mi cabeza, la tuya. Una sonrisa, una cara, una melena, un tono de piel, una lágrima, un lunar de tu cuerpo, un beso, un todo. Puede que estemos a más kilómetros de los que deberíamos porque verdaderamente tu sitio está en mi cama cada noche y el mio a tu lado, por supuesto. Me da miedo. No estar a tu lado me produce pánico, ganas de vomitar y un dolor agudo en el bajo vientre. Y tal vez sea sólo que te echo demasiado de menos como para escribir objetivamente y puede que sólo necesite verte para que mi miedo se vaya y abrazarte con mis brazos y tenrte cerca y decirte al oído que eres lo mejor que me ha pasado nunca y que estoy enamorado de ti. Y puede que tan sólo seamos dos almas en pena que han vagado hasta encontrar a su mitad perdida, que hemos sufrido todo aquello porque, en el fondo, ambos sabíamos que el otro estaría en la meta, esperándonos, con una botella de agua y un jersey para que no nos quedemos fríos. Y quizá el miedo sólo sea eso: pensar que nunca encontraremos a alguien que nos arrope en nuestra meta pero yo ya no tengo miedo. ¡No tengo miedo joder! ¡LA VIDA YA NO ME DA NINGÚN MIEDO PORQUE ESTOY JUNTO A TI EN ESTE MAR DE LÁGRIMAS Y LOS DOS REMAMOS AL UNÍSONO HACIA LA LIBERTAD! Y por eso no hay que tener miedo. Porque tarde o temprano, llegaremos a meta y veremos a alguien que nos tiene un jersey reservado. Y al fin y al cabo eso es lo que tú eres para mi, la persona que he esperado todo este tiempo al llegar a meta, y sabes qué? En toda la carrera no quise ver a nadie más.

martes, 15 de julio de 2014

Nostalgia

Solo llevaba tres días sin verla y ya la echaba de menos. Su cuerpo era invadido cada hora por una sensación parecida a la que sientes cuando alguien se va lejos. No lejos de viaje o lejos de distancia, sentía esa sensación que siente alguien cuando una persona cercana muere, ese tipo de lejos que esperamos que nunca llegue. Pero ella no se había muerto, solo estaban de viaje. Una pareja normal, sencilla, eh, pero puedo asegurar que es la pareja que a día de hoy más se ama de todo el mundo. Y es que su sonrisa lo privaba. Y a ella contar los lunares del cuerpo de su chico. Y a él oler su suave pelo de fuego que desprendía un dulce aroma afrutado, como si alguien estuviese haciendo un rico pastel de fresas con nata. Y a ella le encanta besar su sonrisa, y a él que ella lo hiciera. Él soñaba todas las noches con verla, y fue entonces cuando sucedió. Quedaron para volver a verse en su ciudad natal. Y ¿sabéis qué? Cuando se vieron a lo lejos ella hecho a correr, y él la siguió, y ambos se fundieron en un abrazo que llevaba como aderezo sonrisas y lágrimas. Y entre este baile místico y agridulce, solo dejaron de besarse para decirse “Te amo". Y, fue entonces, cuando ambos se afirmaron algo a sí mismos: se amaban. Se amaban, se aman y se amarán. No como esas parejas que se dicen ”Teh AmoOh PaRaHh 100pre", (perdón por tal brutalidad. Yo mismo he ido a vomitar al baño pero era para darle más realismo) se aman como de verdad hay que amar a alguien: fuerte, con ganas y desde el corazón. Y fue entonces cuando se dieron de que se enamoraron el uno del otro como alguien que se duerme: primero lento y, luego, muy, muy rápido. (Esta última frase es obra del autor de “Bajo la misma estrella").

jueves, 10 de julio de 2014

"Tengo el tiempo entre los dientes para ti."

"Hoy es un gran día", repetía la alarma que tenía María para despertarse, aquella alarma era una de las más curiosas que había escuchado en mi vida. Mandaba un mensaje de apoyo para el día que venía encima. María asomada a la ventana, mientras una lluvia fuerte mojaba los cristales de su habitación y inundaba sus ojos en un mar de lágrimas. Nunca la había visto así, verdaderamente se le notaba triste y nadie podía animarle. En realidad, existía una persona capaz de ello pero estaba de vacaciones en Barcelona, demasiado lejos de ella. Oscar, su actual pareja, estaba en un hotel lujoso de las calles animadas de Barcelona cuando empezó a vibrar su teléfono.

Se extraño al ver que la llamada era de su novia, María. Así que pidió disculpas a sus amigos y se levantó de la mesa haciendo un ruido estremecedor con la silla. Descolgó el teléfono y lo primero que escucho fue el llanto de María.

- Amor mio, ¿Qué te pasa? - le preguntó.
- No lo sé Oscar, te necesito, necesito que estés a mi lado.

Oscar seguidamente colgó el teléfono y María rompió a llorar en su cama mientras él subía a su habitación a por las llaves de su coche, se acercó a la mesa de sus colegas cuando ya tenía las llaves y les dijo:

- Mañana vuelvo, no me esperéis está noche. Ya os contaré.

Sin acabar de pronunciar estas palabras salió del Hotel. Cuatro horas de viaje en coche, cuatro malditas horas que le separaban de la niña de sus sueños. Nada más llegar y aparcar debajo de su casa le llamó.

-María, cariño, ¿Puedes abrirme la puerta? Tengo frío.

Ella, en tono burlón le dijo que no estaba para bromas. A lo que él respondió, asómate a la ventana. Y allí cruzaron las miradas los dos enamorados, locos el uno por el otro.

-María, siento no haberte avisado antes, quería que fuera una sorpresa. Anda abre la puerta, estoy congelado.
-Eres increible -Respondió ella.

Y es que, a veces los más mínimos detalles son los que marcan la diferencia. Esos momentos en los que la persona que tienes al lado te necesita y le das todo lo que te queda para verle sonreír. Esos momentos en los que sabes que tienes que actuar y el mundo desaparece por esa persona, porque en realidad tu mundo es la persona por la que estás moviendo mar y tierra. Y pensandolo bien, ¿Qué limites tienes cuando estas enamorado? 

martes, 8 de julio de 2014

“Las lágrimas de Gaia"

La raza humana lleva en nuestro planeta desde el principio de los tiempos, y desde entonces solo hemos sabido cagarla. Superpoblación, deforestación, extinción animal, pobreza, genocidios y guerras han diezmado desde los recursos naturales hasta los animales más exóticos. Lo peor de todo es que nuestra población aumenta diariamente exponencialmente, haciendo que la Tierra se desgaste más rápidamente aún y teniendo que sostener, cada vez más, a un mayor numero de consumidores que no ven más allá de su gorda panza y su televisor de plasma. Pero aquí no acaba la cosa, lo mejor de todo es que, aun sabiendo que vamos a morir ahogados por nuestra propia mierda, seguimos pensando en comer más y más y más, solo porque nos hemos acostumbrado a un nivel de vida que unos pocos disfrutan, mientras millones de personas mueren día a día en África o Asia por falta de agua, comida o simplemente un hogar.
¿Acaso no ve nadie más que dentro de cien años vamos a tener que irnos de aquí? Que la ciencia ficción dejará de ser ficción para ser una jodida realidad, que, duela a quien le duela, sera tan real como nuestro mundo hecho basura, comido por nubes de metano, amoniaco y centenares de anhídridos que no dejaran nada a su paso. Hemos fracasado como humanos, como personas y nos hemos proclamado dueños de un planeta que no era de nadie, sino de todos. Podéis llamarme loco, pero para mi, la humanidad hace tiempo que ya ha muerto.

lunes, 7 de julio de 2014

“Anoche, en Italia"

El ocaso se hacia presente en el cielo mediante tonos de rojo cobrizo y naranja suave. El sol, ya envuelto por las últimas nubes del día, comenzaba a acostarse como un recién nacido en su cuna. En cambio, su antónimo, la luna, salia de casa, llena, reluciente y brillante para amenizar las cenas de las parejas que salían a la terraza a comenzar la velada.
Como es natural en nosotros, cogimos la mesa de siempre, esa que pega al mar y donde se pueden ver las olas romper en la playa. El dulce aroma del orégano italiano mezclado con la suave brisa del mar hacían que estar en aquella mesa con ella resultase algo casi imposible de describir. Se nos acercó el mismo camarero de todos los días, nos tomó la nota y me felicitó nuevamente por tener la suerte de estar con tal belleza. Los tres sonreímos y en menos de veinte minutos estábamos cenando. Entre los diversos platos que pudimos degustar, he de destacar los tallarines con crema y setas; acompañados de un buen vino toscano y la belleza que me ofrecía su tez hicieron que aquella cena todavía siga en mi paladar y memoria. Para rematar la noche, una sesión de caricias, mimos y carantoñas varias hizo que aquella noche, siga siendo a día de hoy, una de las mejores noches que he pasado en mi vida.

“Desayunos a pie de cama"

09:00 a.m. Mi hora particular para desvelarme todas las mañanas. Pero aquella mañana no era como todas las demás, la tenia a ella a mi lado. Solo habían pasado cuatro horas desde que me volví a dormir a su lado, disfrutando de su calor corporal y de su bonita sonrisa risueña y durmiente. Ella seguía dormida, y como no, aquello me dio una idea. Me levante rápidamente de la cama, mire por la ventana de la cocina y me alegré; todo estaba nevado y seguía nevando ( he de declararme fan incondicional de la belleza de la nieve). Dejando la nieve a un lado, me dispuse a preparar su desayuno. Café, tostadas con frambuesa, zumo de naranja, beicon crujiente, gofres... En resumen, un desayuno en condiciones. Pero además del desayuno, cogí una de las rosas que compré para ella el día anterior y la puse en la bandeja, junto a una carta en la que ponía algo así: “Buenos días cariño. Nunca viene mal recordarle a alguien lo mucho que la amas; creo que este es un buen momento para hacerlo. Despertar a tu lado en una mañana fría es un dulce placer que no pienso compartir con nadie, y ya no hablemos de dormir contigo. Te amo mi pequeño copo de nieve y no pienso dejar que nadie ni nada te derrita".
Acabada la sorpresa, llegué a la habitación y desperté a la bella durmiente de pelo llameante. Eh, su cara de sorpresa y felicidad valió cada naranja exprimida, cada gota de café con leche y cada gota del perfume de la rosa.

domingo, 6 de julio de 2014

“El calor de una noche de invierno"

Era una noche de invierno. El despertador marcaba las 03:25 a.m. y yo me desvelé. Tenía varias mantas encima, y mi pijama preferido puesto. Me gire para darme la vuelta y allí estaba, la mujer más preciosa del mundo a mi lado. Tumbada. Dormida. Sonriente. Podría jurar que su pelo de fuego brillaba en la oscuridad de la habitación y que sus labios de rosa me miraban. Iluminada por la tenue luz que se filtraba por uno de los huecos de la persiana; era el tono perfecto para que su belleza destacase aun más en aquella noche invernal. Hizo una mueca, como si fuese a despertarse porque yo la miraba fijamente, pero únicamente fue un lento amago de su perfecto rostro. Mis manos, inquietas, sólo podían pensar en acariciar su blanca tez; mis labios en besar su frente y mis ojos... En seguir mirándola eternamente. Me giré un momento para mirar la hora, las 05:00 a.m. Me sobresalté por la hora, pensaba que tan solo habían pasado unos minutos. Decidí acostarme a lo más cerca suyo, sin despertarla, pero sintiendo su agradable calor corporal. Y mientras Morfeo me inducia al sueño, yo solo podía pensar en ella, en su sonrisa de ángel, y sus ojos de estrellas. Cuan afortunado soy de seguir teniéndola hoy en día.

sábado, 5 de julio de 2014

Amor verdadero.

La tímida brisa que entraba por la ventana, levantaba las sábanas y dejaba los cuerpos libres de los dos jóvenes que yacían desnudos sobre la cama .Mientras ella, ya despierta, rozaba con sus manos frías el torso desnudo de su amado. Sonreía, sonreía como nunca le había visto sonreír a nadie en la vida. Miraba la luna despacio mientras una lágrima se derramaba por su mejilla. Él se levantó, sobresaltado, la observo llorando, mientras sin ni tan siquiera mover un dedo, observaba como la luz de la luna le hacía reflejo en la cara. Era preciosa, sus cabellos pelirrojos y su enorme sonrisa le daban un encanto increíble. 

Se quedaron mirándose durante media hora de reloj sin ni tan siquiera pronunciar una palabra, tan sólo fijaban sus ojos en los del otro. Se agarraban fuerte de la mano y se miraban, demasiada sinceridad en una mirada parecía como si se conocieran desde siempre, como si serían almas gemelas separadas al nacer. 

Él la miraba mientras pensaba, "como puede ser que con todas las chicas que han pasado por esta cama; Ella me esté haciendo sentir diferente. Es como si con tan solo mirarme me desnudará".  Ella, en cambio, con una vida incluso más movida que la de él, sentía que aquella noche había sido diferente, como si algo les uniera. Como si la luna llena habría movido mar y tierra por hacerles sentir lo que estaban sintiendo en aquellos instantes. 

Ella le miró, se acercó lentamente y sus labios hicieron un perfecto roce que fue capaz de estremecer hasta el sol, que ya se podía observar a lo lejos. Él, le detuvo. Empezó a temblar, pronunciando como podía le dijo: 

- Nunca me habían hecho sentir nada igual. 

Ella, anonadada con las palabras del chico, le miró y le respondió: 

- No quiero que vuelvas a sentir nada igual, si no es mejor y conmigo. 

Los dos se fundieron en un beso apasionado, un beso de verdad, de los que ya no se ven. Uno de esos besos que duran para siempre por mucho que las personas se separen. Llegará un momento en la vida en el que lo recuerden, normal, son cosas imposibles de olvidar. Aquel beso no solo tenía aquello, aquel beso tenía lo que ya ningún beso tiene, AMOR VERDADERO.