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jueves, 30 de mayo de 2013

Dibujando un siempre.

Abrí los ojos, de nuevo la misma historia. Apenas veía el reloj ya que su luz era potente, mis ojos no se acostumbraban a ella y me costaba abrirlos. Las 5 de la mañana, creo que tengo que ir levantándome pensé. Me vestí cuidadosa mente con mi vestido blanco de seda y salí a la calle. Hacía un frío alucinante pero nada podía pararme. En ese momento me di cuenta de que necesitaba decirle todo lo que pensaba, todo lo que sentía.
Empecé a correr sin ningún rumbo fijo, nadie sabia donde iba, ni yo misma. Me paré de golpe. Hay estaba mirando el reloj con sus compañeros, tan perfecto como siempre. Empecé a temblar pero nada podía pararme me acerque donde él y empecé a llorar. Él me abrazó y me pregunto:
- Princesita, ¿Qué haces aquí a estas horas?
Le miré. Observe a sus amigos y le conteste: 
- No te vayas por favor, quédate conmigo. 
Me abrazó muy fuerte, sentí que por fin nada podría separarnos. Llego el autobús y me susurro al odio que no podía quedarse. Empecé a llorar mientras intentaba que por mi boca salieran todas esas frases que nunca le dije. 
- Bueno, yo no soy nadie para decirte que te quedes pero tengo una carta para ti, me gustaría que la leyeras.
Se la entregue. Le di el último abrazo y me fui corriendo hacia un parque para poder llorar. A lo lejos volví a ver el autobús. Mi móvil comenzó a temblar, alguien me llamaba. Cogí, el número no era conocido para mi y contesté:

-¿Si?
- Andrea, siento decirte esto pero yo no me puedo quedar.
- Da igual, solo se feliz. 
- No. Me niego a ser feliz sin ti. 
- Andrea, sé que estas viendo el autobús. Puedes venirte conmigo, vivir juntos en mi casa y tratarte como a una princesa. 
Empecé a llorar y solté un:
- Cielo, no tengo nada de ropa y mis padres no saben nada. 
A lo que él me contestó:
-Mientras tú llorabas en el banco del parque yo me ocupaba de todo eso. Tus padres están encantados de que vengas a ser feliz conmigo y he ido a recoger tu maleta a casa. Te vienes dos meses conmigo, bueno si aceptas. 
Empecé a correr hacia el bus. Empecé a sentirme libre. Me seque las lágrimas subí al autobús miré a sus amigos que me dedicaron una preciosa sonrisa y fui corriendo donde él. Me lance encima, le di un abrazo y le dije:
- Como me vuelvas a pegar un susto parecido me da algo.
Sin quererlo el acerco sus labios a los míos, me besó. Nuestro primer beso. Cuando acabó de besarme me acerqué a su oído y le dediqué unas palabras.
-No te vayas nunca por favor, no quiero besar otros labios que no sean los tuyos. 

miércoles, 15 de mayo de 2013

El último día.

"Hola, soy una chica de 16 años, una como otra cualquiera. No, en verdad soy diferente totalmente diferente.   De mis 16 años he pasado 15 intentando que alguien entendiese que este no era mi lugar. Pienso que mi lugar no está en este mundo. ¿Qué más os da? Si os seguiréis metiendo conmigo igual. La verdad, no tengo amigos, no me gusta que la gente me traicione por eso prefiero vivir sola. Este mundo me parece una falsedad absoluta y no me pienso rendir quiero cambiarlo."


Esto escribía en el diario que hoy recojo. Ahora os contaré su historia, su pequeña historia. 

Es una chica llamada Lucía. Alta, con cabellos rizados y castaños, ojos oscuros y piel muy blanca. Ella cada mañana se preguntaba la razón por la que la gente seguía luchando, la razón por la que había gente que se rendía. Iba al Instituto como una chica normal, los demás se reían de ella por su forma de ser, Lucía era una chica fuerte, demasiado diría yo. Ella pasaba horas escuchando palabras dolorosas en clase pero su sonrisa seguía en su cara, hasta que llegaba a casa. Se encerraba en su habitación y se echaba a llorar. No soportaba su vida, empezó por odiar la imagen que daba de ella. Llegó a tal punto que no se podía mirar al espejo. Empezó a odiarse totalmente pero seguía sonriendo. Ya eran días los que los pasaba durmiendo con el cuchillo a su lado. Eran tardes las que pasaba en la ventana con ganas de lanzarse al vacío y no volver, desaparecer para siempre. Ella seguía a pesar de todo, hacia a delante. Un día, en el instituto se volvió loca, se agarro a la ventana y amenazó con tirarse. 

- ¿Qué más da? Soy idiota, gilipollas, fea, retrasada, tonta... 
+ Lucía, para. -dijo la profesora-
Lucía empezó a llorar y a gritar. 
-¿PARA? ¿DE VERDAD? Mira, estoy harta de ti querida profesora, escuchas todo siempre y nunca haces nada porque esto cambie. ¿Sabe? ¿Sabe lo que es demostrar felicidad ante unos padres,cerrar la puerta y no tener lagrimas que llorar? ¿SABÉIS ALGUNO LO QUE ES DORMIR CON UN CUCHILLO AL LADO? No tenéis ni idea, no me conocéis. Pero vosotros a lo vuestro, seguir así. Total una vida menos...QUE MÁS DA. 

Un chico de su clase se levanto y empezó a llorar. A los pocos minutos le dijo que lo sentía. Lucía pidió un papel y empezó su carta, su última carta. 


Hola mama, hola papa:

Sé que no tenéis ni idea del porque de todo esto, no sé porque callé tanto. No lo entiendo ni yo, perdonarme. Supongo que soy una chica que nunca le gusto decir lo que vivía, ya que todo era un lastre. Yo os quiero, solo eso. No me voy de aquí sin deciros que me voy para siempre pero que algún día volveremos a vernos. Creo que en el fondo de todo debéis saber que vaya donde vaya seré más feliz que ahora y que no quiero que lloréis por mi, solo ser felices como yo lo seré cuando acabe con todo esto.

                                                                                            Os quiere, Lucía. 



Acabó de escribir la carta y se lanzó con el único propósito en mente, ser feliz. 

jueves, 9 de mayo de 2013

El tiempo colocará a cada uno en su sitio.

Os contaré una pequeña historia,
esta vida que me ha tocado vivir no ha sido un camino de rosas, cada derrota ha sido un bajón, cada victoria una pequeña sonrisa. "EL TIEMPO COLOCARÁ A CADA UNO EN SU SITIO" sigo intentando confiar en esta frase. un día llego un amigo y me dijo:
- Andrea, ¿Qué tal de ánimos?
- ¿Sabes qué? 
- Dime pequeña. 
-Creo que la vida no es lo que vivimos. Creo que si los ánimos están bajos es muy fácil estar con los pies en la tierra y mantenerte, más abajo no puedes caer en cambio el cielo, ese sitio que nadie conoce, ese sitio que solo existe en las películas, ese maravilloso lugar del que poca gente se atreve a hablar. Es preferible intentar volar que estar siempre en el suelo. Puede que caigas una, dos y tres veces pero no es un fracaso nunca si lo intentaste una vez tras otra. 

Y después de esa conversación me fui a la cama y me puse a llorar, como cada noche. Esta era diferente, esta noche nada me podía hacer sentir fuerte. Poco a poco me empecé a dar cuenta que lo que digo, en verdad, lo siento. Que lo que pienso, es lo que creo y que aunque aveces me intente convencer quiero seguir luchando, quiero seguir acabando con el mundo a cada paso. Quiero acabar muriendo y sentirme alguien. 

¿Por qué no?