Empecé a correr sin ningún rumbo fijo, nadie sabia donde iba, ni yo misma. Me paré de golpe. Hay estaba mirando el reloj con sus compañeros, tan perfecto como siempre. Empecé a temblar pero nada podía pararme me acerque donde él y empecé a llorar. Él me abrazó y me pregunto:
- Princesita, ¿Qué haces aquí a estas horas?
Le miré. Observe a sus amigos y le conteste:
- No te vayas por favor, quédate conmigo.
Me abrazó muy fuerte, sentí que por fin nada podría separarnos. Llego el autobús y me susurro al odio que no podía quedarse. Empecé a llorar mientras intentaba que por mi boca salieran todas esas frases que nunca le dije.
- Bueno, yo no soy nadie para decirte que te quedes pero tengo una carta para ti, me gustaría que la leyeras.
Se la entregue. Le di el último abrazo y me fui corriendo hacia un parque para poder llorar. A lo lejos volví a ver el autobús. Mi móvil comenzó a temblar, alguien me llamaba. Cogí, el número no era conocido para mi y contesté:
-¿Si?
- Andrea, siento decirte esto pero yo no me puedo quedar.
- No. Me niego a ser feliz sin ti.
- Andrea, sé que estas viendo el autobús. Puedes venirte conmigo, vivir juntos en mi casa y tratarte como a una princesa.
Empecé a llorar y solté un:
- Cielo, no tengo nada de ropa y mis padres no saben nada.
A lo que él me contestó:
-Mientras tú llorabas en el banco del parque yo me ocupaba de todo eso. Tus padres están encantados de que vengas a ser feliz conmigo y he ido a recoger tu maleta a casa. Te vienes dos meses conmigo, bueno si aceptas.
Empecé a correr hacia el bus. Empecé a sentirme libre. Me seque las lágrimas subí al autobús miré a sus amigos que me dedicaron una preciosa sonrisa y fui corriendo donde él. Me lance encima, le di un abrazo y le dije:
- Como me vuelvas a pegar un susto parecido me da algo.
Sin quererlo el acerco sus labios a los míos, me besó. Nuestro primer beso. Cuando acabó de besarme me acerqué a su oído y le dediqué unas palabras.
-No te vayas nunca por favor, no quiero besar otros labios que no sean los tuyos.
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