Érase una vez una niña de tan
solo 11 años de edad. La niña había perdido el cariño de su abuelo hacia tan
solo unas horas. La niña destrozada lloraba en su pequeña y hermosa cama cuando
de repente escucho un ruido extraño. Al poco rato vio una luz en su jardín. La
luz era de color rosa y muy potente. La niña dejo de llorar y se levanto
pensando que seria esa luz tan potente y de color rosa que había visto desde su
cama.
Esta se acerco con intriga a la
ventana, cuando de la nada salio una gran nube de humo gris. La niña se quedo
paralizada durante un instante, empezó a pensar y se pregunto que era eso que
estaba en su jardín, pero no encontró respuesta.
Ella volvió a mirar, tenía miedo
y la verdad eso le hacía olvidar todas sus penas. Así que cogió las llaves y
salió de su habitación con la intriga y sabiduría de una adolescente
aprendiendo algo nuevo de la vida. Salió por la puerta de casa y allí estaba,
era algo demasiado potente como para poder abrir los ojos sin sentir dolor al
hacerlo. La niña, con los ojos cerrados, se acercó. Una atrevida sonrisa se
dibujó en su cara al ver que a lo lejos se encontraba algo que quizás nadie
habría llegado a ver desde tan cerca. Se aproximó y observo a una pequeña
criatura que le miraba y le decía:
“No llores, yo cuidaré de tu
abuelo hasta que vengas.”
La niña entro en casa, contenta,
con intriga de saber más pero con la gran seguridad de que su abuelo era feliz.

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