Ahora que no te tengo siento que nadie volverá a llenar nunca este vacío que tu me has dejado. Por suerte, sueles aparecer en mis sueños para darme el beso de despedida que no te dio tiempo a darme y yo te suelo decir todo eso que nunca me dio tiempo a decirte. Y así se pasan las 8 horas, enfrente tuyo con palabras de sobra en la lengua y silencios eternos, silencios que duelen, ¿Por qué es tan complicado hablar cuando tienes tanto que decir? Y otro día más amanezco entre lágrimas, con las sabanas empapadas y vuelvo a escribirte la misma carta todas las mañanas con la esperanza de que lo que nunca fui capaz de decirte en la realidad y lo que nunca seré capaz de decirte en sueños sean palabras tuyas, acaben siendo la marca que me dejaste al irte. Que te pediría que volvieras una vez más para poder decirte todo con un beso, porque los besos tienen poder curativo cuando te los da la persona adecuada.

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