Querido baloncesto te voy a escribir una carta que hable de nosotros aunque no la vayas a leer aunque no te importe:
Dueles, hacia tiempo que me dolías. Justo cuando volvías a devolverme algo de todo aquello que me diste un día; vuelves a abandonarme. Sé que te espero al final de este túnel que ahora parece negro pero que poco a poco tendrá luz. Sé que estarás al final y sé que volveré a pisar una cancha con la felicidad del primer día. Me has abandonado pero yo no te puedo abandonar ahora, pienso pelear con cada lágrima que aún no he derramado y con todas las que me quedan por derramar. Pienso pelear con toda la ilusión de aquella niña que tenía demasiados sueños. Pienso pelear con la última gota de sudor que me quedé. Nuestra relación ha ido cambiando mucho pero creo que después de este golpe me he dado cuenta que me habías dado demasiado, que me habías ayudado mucho y que jamás he podido ni podré devolverte el apoyo que has supuesto para mí. Todas las lágrimas que derramó son porque siempre serás mi talón de Aquiles porque "baloncesto que todo te da y todo te quita". Sinceramente, no me lo merecía cuando mejor me sentía. No me lo merecía en este momento pero te perdono, me has perdonado tu veces anteriores. Voy a volver quizás más fuerte o quizás escuches el rugido de la leona por las canchas aunque ni tan siquiera este en ellas. Hasta pronto, no me abandones todavía.
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