Me gustaba quedarme sentada en el alféizar mirando como la ciudad dormía. Ver las luces de la noche me trasportaba a otro lugar. Era tan sencillo y tan bello a su vez... La música no faltaba nunca, en un momento tan bello la música siempre debería estar presente. En esos momentos cierro los ojos; qué forma más bonita de recordar. Mi mente me transporta a aquel día, es difícil de olvidar, quizás el motivo de mis insomnios.
La ciudad empieza a amanecer, ya va siendo hora de volver a la cama pienso pero vuelvo a cerrar los ojos. El viento frío golpea mi piel, no recuerdo que hago aquí tampoco el calor de su piel. Siento frío pero me quedo mirando por la ventana, observo en el edificio de enfrente una anciana que amanece. Ella seguro que mil guerras ha vivido, pienso. El sol empieza a asomarse y se crea una armonía perfecta.
El frío, el amanecer y tu sonrisa. No sé desde cuando llevas observándome pero aun sabiendo que estas justo detrás prefiero seguir mirando el paisaje. Te acercas y me rozas el brazo; justo en ese instante pienso en la libertad, no entiendo muy bien la huida pero sé que saldrás corriendo pronto. Todo el mundo corre cuando tiene miedo, cuando busca calor o cuando simplemente no sabe que hace en el lugar donde esta. A veces nos toca correr para alejarnos de nosotros mismos. No te juzgo, salir corriendo es la forma más humana de vivir. El sol amenaza mientras la luna se despide, yo vuelvo a cerrar los ojos y pido un deseo.
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