Abrí los ojos y desperté, desperté con miedo a volver a equivocarme. Los focos me apuntaban, de nuevo. Millones de sonrisas en un mundo perdido en el que sonreír es cosa de niños. Mire hacia abajo, había demasiada gente. A pesar de todo seguía caminando por la cuerda, a 20 metros del suelo. La cuerda empezó a tambalearse, personal mente creo que los aplausos del publico en esos momentos podrían tirarme. Mire hacia adelante, ya quedaba menos para poder agarrarme al columpio. Que silencio, el incomodo silencio en el que sé que el mundo esta pendiente de mis movimientos y yo me siento solo ante el mundo. Cogí el columpio con las manos, por fin. Me senté en el y empecé a balancearme, esa era mi parte preferida del número ya que subida a 20 metros sobre la tierra me sentía capaz de volar, me sentía capaz de ser un pájaro. Entonces me quede colgado de los pies en aquel columpio, miré a mi alrededor. Nadie pestañeaba todos me miraban, gire la vista mi sombra en aquel telón enorme. Debo admitir que sentí miedo. Sabía que en ese momento no dependía de mi, sabía que en ese momento deberían agarrar mis manos y llevarme volando por la carpa pero yo no era de confiar en los demás y era la primera vez que volaba delante de tanta gente. Esto no podía salir bien. Justo cuando el presentador cual era un domador de leones dijo:

- Ahora se intentará hacer el tan famoso "Salto de la muerte".
¿INTENTARÁ? ¿CÓMO QUE INTENTARÁ? -Pensaba mi mente mientras mis piernas empezaban a temblar.
Entonces empezó mi compañero me pego un grito que juraría que se me paro el corazón, "AHORA". Yo me solté, con miedo. Con miedo a no lograr aquella victoria y no era por la gente que me miraba, ellos me daban igual. Era por mi, por que puede que a sombras de todos haya una derrota pero si en tu interior hay una victoria has logrado lo que gente se pasa la vida buscando, la victoria en tu interior. Recuerdo que en esos segundos que pasé en el aire encontré hasta bonito el respirar, esos segundos en los que no sabes lo que va a pasar. Debajo no había red así que era muy posible que si fallaba tendría que despedirme de mis sueños o aun peor saludar a la tan temerosa muerte. Me agarro una mano. En ese momento, respiré, respiré como nunca antes lo había hecho y me di cuenta que quizás a veces solos no podemos lograr las cosas, nuestras metas. Que aunque nos sintamos solos, siempre estuvimos acompañados pero sobre todo entendí que era eso de luchar, luchar por lo que de verdad sueñas.
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