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sábado, 23 de agosto de 2014

Estrella Polar

Oscura noche. Incierta. Mágica. Nostálgica. Un bol de palomitas se hace poco a poco en el microondas. Gotas. Huele a lluvia. El cristal se baña de la misma forma que hace una semana. Se llena de pequeñas motas de agua que corren. Corren por llegar primeras. Algunas tienen prisa. Una pareja descansa cómodamente en el sillón de su casa. Orgullosos el uno del otro. Felices por llegar adónde han llegado. Enamorados.

La prisa de la lluvia contra las ganas de comerse la vida de la pareja. El calor de sus abrazos y las palomitas en los labios del otro esperando a los de su pareja, a que se coma la palomita y lo/la bese como siempre, con ganas, con valor, con calor, con amor.

Todas las mentes están cerradas hasta que llega la llave. Una llave que no sólo abre la mente. Abre el corazón. Abre los ojos. Abre los labios. Abre un grifo de sentimientos que nunca habías sentido. Y es entonces, sólo entonces, cuando de verdad somos felices.

La felicidad está al alcance de nuestra mano. Sólo tiene que llegar alguien que te haga creer de verdad en ella. Y por muchos túneles que haya que pasar. Por muchos precipicios que haya que saltar. Por muchos abismos que temamos, siempre estará esa persona que será nuestra luz, nuestro puente y nuestra mano cuando más lo necesitemos.

No hay casualidad que valga. No hay espera que no se haga larga. No hay lágrima que no merezca la pena, si al final de todo, está esa persona.

Nuestra estrella polar.

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