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martes, 1 de septiembre de 2015

El hombre de la felicidad eterna.



El único poema de amor que fui capaz de leer se reflejaba en sus labios aquel atardecer, su sonrisa acababa con aquel poema dándole un toque un poco mas gracioso a la vida. Y es que, aquel momento era el primer momento de su vida en el que valoraba el sabor de la cerveza pero sobre todo, la buena compañía. Era un hombre con batallas internas las cuales nunca reflejaba por dentro. Un pajarito azul pasaba por delante de su rostro cuando él soltaba una carcajada. parecía increíble como era capaz de entenderse con todo el mundo, hasta con los animales. Y igual era lo que más le llamaba la atención a ella.

Ella, le observaba durante horas mientras las burbujas de la cerveza bajaban por su gargatanta o cuando las carcajadas de su felicidad inundaban el lugar a donde iría. Lo más increíble de todo era que nunca dejaba de lado sus manías, ellas iban con él, me atrevería a decir que eran parte de él al igual que el humo que inhalaban sus pulmones cuando se fumaba su puro. Y quizá, fue aquello lo que le mato.

Le mato el amor hacia lo imposible, porque,  realmente aquel hombre era un super héroe, nunca me quedare corta al regalarle esa palabra. Ya que, se la merecía más que el mosto de las seis y incluso más que el beso de las cuatro.

Aquel hombre era una persona diferente a todo lo que acostumbramos a ver tenia todo lo que nadie quería tener y era todo lo que me habría gustado mantener.

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