Vistas de página en total

domingo, 28 de febrero de 2016

Dueño de una estrella.

Empecé a escribirte con el corazón, acabe diciéndote adiós con la cabeza, porque hay veces en la vida que todas la palabras que seas capaz de decir acaban convirtiéndose en el silencio más largo de tu vida. Y te mire, aquel día vi tristeza en tu mirada y supe que a veces lo ultimo que debes hacer es olvidar de donde vienes, hacia donde vas y a donde quieres llegar. Te mire y sonreí, porque las ultimas imágenes que se te quedan grabadas de la vida son aquellas en las que no te sientes bien pero sabes sobreponerte a los miedos. Me fije en tu sonrisa, tu pequeña curva torcida y supe que en mi vida quería mirar otra en la que alguien te tratara de hacer competencia. Observe tus gestos, los gestos de una persona con miedos y metas, los gestos de una persona que sabe donde va. Aquel día, deje de pertenecer al mundo y empecé a pertenecer a nuestro mundo. Y es que, a veces, sin darnos cuenta empezamos a caer por el pozo del miedo, y caemos hasta el fondo dejándonos de lado a nosotros mismos. Cuando se fue, empecé a apreciar el pequeño detalle de tener a una persona en frente y decirle lo que sientes. Cuando se fue, me fije y encontré la respuesta a la duda universal, el corazón sabe más de amor que lo que es capaz de llegar a saber la locura. Y que tan solo una mirada puede hacer sentirse a la persona que más al fondo del pozo se encuentra, dueño de una estrella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario