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martes, 29 de marzo de 2016

Tu sol, mi luna.

Antes de empezar recuerda que si te apetecería volver, tendrías tu hueco en mi.

Que no me de los sustos de irse sin avisar, que debería haber vuelto para ver si todo lo había dejado en el sitio correcto. Que comprendí que siempre su sonrisa estaba torcida porque era la persona más tímida del mundo y le costaba enseñar los dientes. Que de él aprendí todo lo que no quería aprender con nadie, y cuando se fue me enseñó que las personas no saben lo fuertes que son hasta que ser fuertes es su única opción. Me enseñó que quizás la altura no era ningún obstáculo para llegar, y que a veces es complicado dejar de querer. Qué lo más bonito es aceptar las cosas como son, que a veces un hola cambia la vida. Que una mirada te puede llenar el alma. Y que unas palabras pronunciadas de la forma adecuada pueden ser capaces de sanar corazones rotos. Que puedes llorar millones de veces pero no te puedes parar nunca para rendirte.Y es que en este puto mundo se buscan personas perfectas, pero lo perfecto aburre. Yo era feliz con sus imperfecciones, era capaz de reírme de mí misma mirándole sabiendo que no tenía ningún sentido lo que estaba diciéndole. Y él era capaz de levantar la vista de su plato para decirme adiós cuando pasaba por su lado. Él es todas esas cosas de las que no me atrevo a hablar en público porque sé que me hundo, y me enseñó a hundirme. Joder que si me enseñó, pero después de hundirme siempre me decía que habría algo. Y siempre acababa saliendo el sol, maldita sea, que listo era. Siempre volvía a salir el sol, hasta el maldito día que él decidió abandonarlo. ¿Y como cojones iba a salir el sol si no había nadie queriendo verlo? Y entonces me di cuenta, que el sol era yo y que la luna era él. Y que aquel tiempo, fue un eclipse que para algunos duro un minuto y para nosotros dos duro una vida. Y comprendí que pasaría mucho tiempo sin volver a tenerle en frente. Y deje de verme, deje de salir pero me di cuenta que lo único que necesita la luna y que el único momento en el que coincidiríamos si yo salía era cuando él empezaba a salir para darle los buenos días a la noche y cuando yo me empezaba a meter para recordarle al mundo que las noches solo son para las estrellas que saben brillar solas.

Ojalá tengas días malos en los que sientas que no puedes y te acuerdes de la pequeña voz que te recordaba cada día que no tenias rival, que eras insuperable. Ojalá te sigas acordando de mi.

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