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jueves, 19 de marzo de 2020

Buenas noches.

Necesito abrirme en canal y contarte como me siento desde que estamos encerrados en 75 metro cuadrados. Necesito parar un momento y empezar a recapacitar. No es tarde, nunca es tarde o eso me decían siempre. Hoy siento que ya es tarde. Que he desaprovechado tantos momentos de mi vida en los que podía haber estado y no estuve.

 Miro la calle con rabia, me recorrería todo Vitoria corriendo (aún con mi rodilla operada) por verles. Que jodido es estar tan tremendamente cerca de los que quieres y a la vez tan lejos. Que la comunicación ahora más que nunca se ha quedado en la electrónica. Que las sonrisas que compartes con extraños por la calle han desaparecido. Que todo lo que llamábamos rutina, que todo el mundo odiaba, le han desaparecido todas las letras.

Bueno, desde que estoy encerrada he echado de menos hasta el vecino del quinto que jamás me saluda. He echado de menos respirar aire fresco y el frío de mi querida ciudad. Aunque ahora lo este perdiendo por culpa nuestra, el calentamiento global...

Siempre he creído que la humanidad estaba destinada a extinguirse. Que no somos capaces de hacer una bien y que no sabemos valorar lo que tenemos. Tenía razón... Somos egoístas.

Ahora que las calles están más vacías me preguntó que sería un mundo con respeto. Me pregunto qué se podría conseguir sin miedo. Me pregunto qué sería de nosotros si cuidariamos a lo que nos cuida. Si valoraríamos lo que tenemos.

Empiezo a llorar. Todo el mundo dice que vamos a salir de esta pero yo no quiero salir. Me niego a salir sin haber aprendido. Sin crecer como sociedad, sin aprender a valorar. Creo que todo en la vida es un aprendizaje y yo no quiero dejar de aprender.

Hoy quiero dar las gracias a las sanitarias, si. Por cuidarnos. A todxs y cada unx de lxs trabajadorxs que se levantan pronto o quizás no por sacar adelante a la familia. A los mayores que siempre hacen lo posible porque los suyos estén bien, siempre lo han hecho. A los que estudian por intentar seguir adelante en este mundo. A los que se ríen. A los que lloran. A los que gritan y a las maestras. Si, a las maestras. En este encierro me he dado cuenta de la importancia de la educación. Ojalá tendríamos un poco más de educación. Ojalá valoraríamos más las cosas. Ojalá aprendiesemos a callarnos cuando toca y a gritar cuando no.

Bueno, os dejo, voy a salir a ver la calle vacía y a la vez llena de vida. Somos más humanos o eso quiero creer.


Buenas noches.

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