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domingo, 20 de octubre de 2013

Aquel día.

Todo empezó como un sin querer querido, como empiezan las mejores historias. Entonces eramos solo dos personas en busca de alguien que nos ayudará a salir de esto, en busca de alguien que nos hiciera olvidar que estábamos muriendo. ¿Qué estamos buscando? me preguntaba la cabeza mientras mis ganas de llorar aumentaban cuando sonaba aquella canción que a su vez nos hacía recuperar las ganas de continuar. Entonces levante la vista, por mi lado pasaban niños dando patadas a un balón. Con ilusión de algún día ser algo más que eso, simples personas, con las ganas de llegar lejos con la pelota bajo los pies.

La tarde transcurrió bastante rápido, con momentos alegres y tristes. Llegó la hora de volver a casa, me monte en la bici y pedalee hasta lograr llegar a mi meta. Me senté en la bici, la agarré con fuerza. Justo en ese momento sentí que me mirabas y levante la vista y te di un abrazo. Cuando las únicas palabras que salían de mi boca eran "Te quiero.", llego la hora. Baje la bici a cuestas, me tumbe en la cama y en ese momento supe, que era imposible ser más feliz de lo que había sido aquel día.

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