Jamás he tenido la sensación de arriesgar por alguien, y cuando la he tenido, simplemente he arriesgado. Todo es un impulso, un día llega alguien por el que merece la pena jugartela, y te la juegas... Te prometo que sufres, sufres mucho... Pero merece la pena llorar, merece la pena temblar, merece la pena sentirte vivo. Entonces, vuelves a aparecer, y me quedo mirandote. Quizás no vales tanto como he luchado, quizás jamás te hayas merecido mis miradas... Pero, algo tengo claro, que arriesgar siempre será por una buena causa, aunque la causa lleve tu nombre y aunque este predestinada a fracasar.

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