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martes, 13 de marzo de 2018

Mi melodía.


Las notas de la música que salía por aquel piano, me hacía que todos los dolores hasta momentos antes de sonar aquella canción desapareciesen, al menos el tiempo que las teclas del piano formaban un sonido difícil de olvidar.
Recuerdo que el sonido del piano siempre me relajaba lo suficiente antes de la salir a la batalla, recuerdo que aquellas teclas me hacían olvidar lo que dolía y me hacían volver a sentir cosas que jamás pensé que sentiría.
Mientras sonaba aquella triste melodía, miraba tus fotos como si la misma canción sería capaz de traerte a mi lado, aunque fueran unos segundos, aunque ni tan siquiera llegara al minuto. Las teclas del piano iban en sintonía con las teclas de mi ordenador cuando te escribía cartas que sé que jamás leerás.
Y sin quererlo el piano te traía a casa, era capaz de sentirte cerca al cerrar los ojos, eras capaz de acariciarme las manos y de mirarme a la cara para darme los buenos días. Y yo, simplemente, te miraba mientras resbalaban lagrimas por mis mejillas y apretaba fuerte los dientes, para no derrumbarme, al menos, no delante tuyo. Cerraba los ojos con ganas, sabiendo que al abrirlos todo se terminaría, tú no serías capaz de tocarme. El piano aceleraba la sintonia, llegaba el fin de nuestro pequeño encuentro y yo, siempre, me ponía a temblar. Esperando a que al abrir los ojos, tu seguirías delante mio, mirándome y preguntándome de nuevo, por décima vez, si estaba bien. Jamás fui capaz de contestarte a la primera, tus ojos me hacían perderme y tu sonrisa me hacía olvidarme de todos aquellos momentos de sufrimiento vividos anteriormente.
Todos aquellos momentos que me ayudaste a vivir, mi mente gritaba que ojalá jamás dejase de sonar el bendito piano, que jamás se apagase esa melodía. Gracias a la cual, yo me sentía a tu lado, aunque no estuvieses ahí. Aunque estuvieses a años luz de mi, aunque ni tan siquiera te acordarás de mi. El piano daba el final de aquella canción, las cuerdas terminaban de temblar mientras yo empezaba a abrir lo ojos, lentamente. Aunque todo lo que tenía delante siempre se volvía borroso después de escucharte, después de sentirte... me secaba las lagrimas con el pañuelo que me diste en el día de tu despedida y te respondo, hoy, a la primera, aunque sé que esta vez no me escuchas
"Si, estoy bien. Aunque estaba mejor contigo."-

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