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lunes, 7 de julio de 2014

“Desayunos a pie de cama"

09:00 a.m. Mi hora particular para desvelarme todas las mañanas. Pero aquella mañana no era como todas las demás, la tenia a ella a mi lado. Solo habían pasado cuatro horas desde que me volví a dormir a su lado, disfrutando de su calor corporal y de su bonita sonrisa risueña y durmiente. Ella seguía dormida, y como no, aquello me dio una idea. Me levante rápidamente de la cama, mire por la ventana de la cocina y me alegré; todo estaba nevado y seguía nevando ( he de declararme fan incondicional de la belleza de la nieve). Dejando la nieve a un lado, me dispuse a preparar su desayuno. Café, tostadas con frambuesa, zumo de naranja, beicon crujiente, gofres... En resumen, un desayuno en condiciones. Pero además del desayuno, cogí una de las rosas que compré para ella el día anterior y la puse en la bandeja, junto a una carta en la que ponía algo así: “Buenos días cariño. Nunca viene mal recordarle a alguien lo mucho que la amas; creo que este es un buen momento para hacerlo. Despertar a tu lado en una mañana fría es un dulce placer que no pienso compartir con nadie, y ya no hablemos de dormir contigo. Te amo mi pequeño copo de nieve y no pienso dejar que nadie ni nada te derrita".
Acabada la sorpresa, llegué a la habitación y desperté a la bella durmiente de pelo llameante. Eh, su cara de sorpresa y felicidad valió cada naranja exprimida, cada gota de café con leche y cada gota del perfume de la rosa.

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