Era una noche de invierno. El despertador marcaba las 03:25 a.m. y yo me desvelé. Tenía varias mantas encima, y mi pijama preferido puesto. Me gire para darme la vuelta y allí estaba, la mujer más preciosa del mundo a mi lado. Tumbada. Dormida. Sonriente. Podría jurar que su pelo de fuego brillaba en la oscuridad de la habitación y que sus labios de rosa me miraban. Iluminada por la tenue luz que se filtraba por uno de los huecos de la persiana; era el tono perfecto para que su belleza destacase aun más en aquella noche invernal. Hizo una mueca, como si fuese a despertarse porque yo la miraba fijamente, pero únicamente fue un lento amago de su perfecto rostro. Mis manos, inquietas, sólo podían pensar en acariciar su blanca tez; mis labios en besar su frente y mis ojos... En seguir mirándola eternamente. Me giré un momento para mirar la hora, las 05:00 a.m. Me sobresalté por la hora, pensaba que tan solo habían pasado unos minutos. Decidí acostarme a lo más cerca suyo, sin despertarla, pero sintiendo su agradable calor corporal. Y mientras Morfeo me inducia al sueño, yo solo podía pensar en ella, en su sonrisa de ángel, y sus ojos de estrellas. Cuan afortunado soy de seguir teniéndola hoy en día."Si nada nos salva de la vida, al menos que el amor nos salve de la muerte."
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domingo, 6 de julio de 2014
“El calor de una noche de invierno"
Era una noche de invierno. El despertador marcaba las 03:25 a.m. y yo me desvelé. Tenía varias mantas encima, y mi pijama preferido puesto. Me gire para darme la vuelta y allí estaba, la mujer más preciosa del mundo a mi lado. Tumbada. Dormida. Sonriente. Podría jurar que su pelo de fuego brillaba en la oscuridad de la habitación y que sus labios de rosa me miraban. Iluminada por la tenue luz que se filtraba por uno de los huecos de la persiana; era el tono perfecto para que su belleza destacase aun más en aquella noche invernal. Hizo una mueca, como si fuese a despertarse porque yo la miraba fijamente, pero únicamente fue un lento amago de su perfecto rostro. Mis manos, inquietas, sólo podían pensar en acariciar su blanca tez; mis labios en besar su frente y mis ojos... En seguir mirándola eternamente. Me giré un momento para mirar la hora, las 05:00 a.m. Me sobresalté por la hora, pensaba que tan solo habían pasado unos minutos. Decidí acostarme a lo más cerca suyo, sin despertarla, pero sintiendo su agradable calor corporal. Y mientras Morfeo me inducia al sueño, yo solo podía pensar en ella, en su sonrisa de ángel, y sus ojos de estrellas. Cuan afortunado soy de seguir teniéndola hoy en día.
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