Se quedaron mirándose durante media hora de reloj sin ni tan siquiera pronunciar una palabra, tan sólo fijaban sus ojos en los del otro. Se agarraban fuerte de la mano y se miraban, demasiada sinceridad en una mirada parecía como si se conocieran desde siempre, como si serían almas gemelas separadas al nacer.
Él la miraba mientras pensaba, "como puede ser que con todas las chicas que han pasado por esta cama; Ella me esté haciendo sentir diferente. Es como si con tan solo mirarme me desnudará". Ella, en cambio, con una vida incluso más movida que la de él, sentía que aquella noche había sido diferente, como si algo les uniera. Como si la luna llena habría movido mar y tierra por hacerles sentir lo que estaban sintiendo en aquellos instantes.
Ella le miró, se acercó lentamente y sus labios hicieron un perfecto roce que fue capaz de estremecer hasta el sol, que ya se podía observar a lo lejos. Él, le detuvo. Empezó a temblar, pronunciando como podía le dijo:
- Nunca me habían hecho sentir nada igual.
Ella, anonadada con las palabras del chico, le miró y le respondió:
- No quiero que vuelvas a sentir nada igual, si no es mejor y conmigo.
Los dos se fundieron en un beso apasionado, un beso de verdad, de los que ya no se ven. Uno de esos besos que duran para siempre por mucho que las personas se separen. Llegará un momento en la vida en el que lo recuerden, normal, son cosas imposibles de olvidar. Aquel beso no solo tenía aquello, aquel beso tenía lo que ya ningún beso tiene, AMOR VERDADERO.
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