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martes, 15 de julio de 2014

Nostalgia

Solo llevaba tres días sin verla y ya la echaba de menos. Su cuerpo era invadido cada hora por una sensación parecida a la que sientes cuando alguien se va lejos. No lejos de viaje o lejos de distancia, sentía esa sensación que siente alguien cuando una persona cercana muere, ese tipo de lejos que esperamos que nunca llegue. Pero ella no se había muerto, solo estaban de viaje. Una pareja normal, sencilla, eh, pero puedo asegurar que es la pareja que a día de hoy más se ama de todo el mundo. Y es que su sonrisa lo privaba. Y a ella contar los lunares del cuerpo de su chico. Y a él oler su suave pelo de fuego que desprendía un dulce aroma afrutado, como si alguien estuviese haciendo un rico pastel de fresas con nata. Y a ella le encanta besar su sonrisa, y a él que ella lo hiciera. Él soñaba todas las noches con verla, y fue entonces cuando sucedió. Quedaron para volver a verse en su ciudad natal. Y ¿sabéis qué? Cuando se vieron a lo lejos ella hecho a correr, y él la siguió, y ambos se fundieron en un abrazo que llevaba como aderezo sonrisas y lágrimas. Y entre este baile místico y agridulce, solo dejaron de besarse para decirse “Te amo". Y, fue entonces, cuando ambos se afirmaron algo a sí mismos: se amaban. Se amaban, se aman y se amarán. No como esas parejas que se dicen ”Teh AmoOh PaRaHh 100pre", (perdón por tal brutalidad. Yo mismo he ido a vomitar al baño pero era para darle más realismo) se aman como de verdad hay que amar a alguien: fuerte, con ganas y desde el corazón. Y fue entonces cuando se dieron de que se enamoraron el uno del otro como alguien que se duerme: primero lento y, luego, muy, muy rápido. (Esta última frase es obra del autor de “Bajo la misma estrella").

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